En 2010, una oleada de suicidios sacudió Foxconn, el proveedor principal de Apple en el sur de China. Trabajadores muy jóvenes, muchos llegados del campo, se arrojaban por las ventanas de sus dormitorios o de edificios cercanos a las fábricas. Al principio se habló de problemas personales. Pero los casos se multiplicaron y esa explicación dejó de sostenerse: empezaba a verse el coste humano del milagro industrial chino.. Seguir leyendo
En 2010, una oleada de suicidios sacudió Foxconn, el proveedor principal de Apple en el sur de China. Trabajadores muy jóvenes, muchos llegados del campo, se arrojaban por las ventanas de sus dormitorios o de edificios cercanos a las fábricas. Al principio se habló de problemas personales. Pero los casos se multiplicaron y esa explicación dejó de sostenerse: empezaba a verse el coste humano del milagro industrial chino. Seguir leyendo
En 2010, una oleada de suicidios sacudió Foxconn, el proveedor principal de Apple en el sur de China. Trabajadores muy jóvenes, muchos llegados del campo, se arrojaban por las ventanas de sus dormitorios o de edificios cercanos a las fábricas. Al principio se habló de problemas personales. Pero los casos se multiplicaron y esa explicación dejó de sostenerse: empezaba a verse el coste humano del milagro industrial chino.. Seguir leyendo
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