La humedad en los ojos de muchos asistentes anoche a Brel, una de las propuestas más esperadas de la programación del Festival Grec, encontró un fatal eco en el suelo del escenario del anfiteatro. Mientras el público que llenaba las gradas se emocionaba con el maravilloso espectáculo de la compañía Rosas que junta la danza con las canciones de Jacques Brel y un precioso juego de proyecciones de imágenes de paisajes y de actuaciones del cantautor belga de habla francesa, el relente nocturno se adueñaba progresivamente del escenario, convirtiéndose en un riesgo para los bailarines. Seguir leyendo
La coreógrafa Anne Teresa de Keersmaeker pidió disculpas al público del anfiteatro por las condiciones en que tuvieron que bailar anoche
La humedad en los ojos de muchos asistentes anoche a Brel, una de las propuestas más esperadas de la programación del Festival Grec, encontró un fatal eco en el suelo del escenario del anfiteatro. Mientras el público que llenaba las gradas se emocionaba con el maravilloso espectáculo de la compañía Rosas que junta la danza con las canciones de Jacques Brel y un precioso juego de proyecciones de imágenes de paisajes y de actuaciones del cantautor belga de habla francesa, el relente nocturno se adueñaba progresivamente del escenario, convirtiéndose en un riesgo para los bailarines. La coreógrafa y bailarina de 66 años Anne Teresa de Keersmaeker, directora y fundadora de Rosas e intérprete de Brel junto a Solal Mariotte, se dirigió a los espectadores durante la función para explicarles la dificultad y el peligro de bailar en esas condiciones “de pista de patinaje”, y, tras decidir seguir, al final del espectáculo pidió disculpas: “Espero poder hacerlo otra vez en mejores condiciones”. Brel, una obra valiente en la que la coreógrafa lucha contra la institucionalización y el estancamiento de su larga y fértil carrera,vuelve a representarse hoy viernes a las 22 horas. La artista belga, una de las grandes figuras mundiales de la danza contemporánea, tuvo que reprimirse en su baile por miedo a resbalar, limitándose en algunos momentos a esbozar los movimientos de la coreografía. No importó: Brel es un espectáculo tan sugestivo y emotivo que incluso los gestos más pequeños adquieren una significación y un poder de conmoción enormes. Además, Solal Mariotte, la joven pareja de danza de De Keersmaeker, un prodigio formado inicialmente en el breakdance, bailó desafiando la tan resbaladiza humedad del suelo e incluso pareció aprovechar la capacidad que ofrecía de deslizamiento.En todo caso fue una velada inolvidable, una de esas noches del Grec a conservar en la memoria, incluso con las circunstancias adversas para los bailarines. La combinación Rosas/ Brel se demostró irresistible. Canciones como Quand on n’a que l’amour, de 1956, el primer gran éxito del cantautor, bailada por De Keersmaeker con una intensidad estremecedora mientras Mariotte repetía frases acercándose desde la platea, llevaron al público a un estado supremo de emoción. La gente dejó incluso de abanicarse, transportada por el recuerdo del artista y la forma en que lo conjuraban los danzarines. Siguieron a lo largo de la función las canciones más conocidas de Brel (1929-1978). La valse à mille temps, Les bourgeois, Les marquises, Les bonbons, Les flamandes, La chanson des vieux amants —sobre la proyección de un fuego—, Jef, hasta acabar con un Jojo que traspasó las almas. Especialmente emotiva fue Le plat pays, homenaje a su país (y al de Rosas), Bélgica, que contó con unas extraordinarias proyecciones de inundaciones sobre la pared de piedra del fondo del escenario. Muy hermosa también Rosa —la canción sobre las clases de la
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