El autor de ‘Defender el Álamo’, galardonado con el Premio de Poesía Generación del 27, hace de la escritura un ejercicio de «resistencia frente al tiempo y la ausencia» Leer
El autor de ‘Defender el Álamo’, galardonado con el Premio de Poesía Generación del 27, hace de la escritura un ejercicio de «resistencia frente al tiempo y la ausencia» Leer
Defender El Álamo es buscar en tu hijo las palabras que te definan y las fuerzas con las que encarar cada mañana. El narrador y poeta Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976) ha ganado con Defender El Álamo el Premio de Poesía Generación del 27, un conjunto de versos escritos entre 2018 y 2020 donde remedia la distancia con su hijo por medio de poemas que palían la separación de ambos. El libro está editado en Visor. «Frente a la noche oscura, siempre te quedarán nuestras palabras. / Yo cubriré tu espalda, y pienso resistir. / Hijo, tú y yo sabemos defender El Álamo».. Para comprender el significado, la emotividad, las brasas que queman en este poemario es necesario comprender algunas cosas del autor. Su hijo, que ahora frisa los diez años, vive lejos de Madrid y Córdoba, las ciudades donde trabaja el poeta. El hijo vive en otro continente, a varias horas de avión de él. Cuando están juntos, el padre y el hijo defienden El Álamo con lecturas, películas, viajes y largas conversaciones, sin prever en momento alguno el billete de vuelta. «Todo se guarda para el hijo: / de la primera gota de la vida / a la última palabra», escribe Pérez Azaústre entre los primeros versos del libro. Y esas no son palabras banales en él, sino una innegociable declaración de principios. Puedes dimitir de un familiar por cercano que sea, de un amigo, de tu pareja (esto es lo más fácil y habitual), pero no es posible dimitir de un hijo. No estamos construidos para eso. Leemos a Pérez Azaústre y cualquier padre se siente concernido, señalado, partícipe de sus sentimientos abrasadores. Hay en este libro un poema que se titula Videollamada que empieza así: «Y llegará un momento en el que nadie / nos corte la llamada». Y cuyo final es este: «Y eso, por ahora, es todo lo que tengo. / Todo lo que tenemos, / el momento de gloria: / Saber que tú me miras, y me ves».. Por entonces, como ahora, padre e hijo se contaban su mundo a través de internet, muchos kilómetros de distancia entre uno y otro. Los dos han sabido establecer un mundo de paciencia, espera y demora hasta que internet los vuelve a juntar. Pérez Azaústre asegura: «Algunos venimos a la vida / a no cansarnos nunca», otra de las muchas declaraciones de principios que atesora este libro que quema, de una belleza muy serena, que guarda mucho de esa emocionalidad contenida de la que están hechas obras como las de César Vallejo, Caballero Bonald, Gala o Antonio Colinas.. El jurado que premió el libro, formado por Jesús García Sánchez, Raquel Lanseros, José Antonio Mesa Toré, Miriam Reyes y Jaime Siles, sostiene que la metáfora que encierran estos versos pasa por «sostener un baluarte afectivo pese a la separación geográfica y vital». Y añade: «La escritura se asume como resistencia frente al tiempo y la ausencia». El dibujo que ilustra la portada del libro, por cierto, es obra del hijo. Joaquín Pérez Azaústre ha sido reconocido con algunos de los premios de poesía más importantes que se conceden en España. Acaba de terminar su última novela, que aparecerá a finales de año o principios del próximo y que volverá, ya lo advertimos, a zarandear los corazones más sensibles, acostumbrados y fríos de su legión de lectores, del mismo modo que hizo con El querido hermano, en Galaxia Gutenberg, una de las mejores novelas escritas en la lengua de Cervantes en los últimos años y que narra los días en que Manuel Machado conoce la noticia de la muerte de su hermano Antonio en Colliure.
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