La temprana partida de Sebastián Lelio, en medio de la filmación del que iba a ser su décimo largometraje (Poeta chileno), ha descolocado y entristecido: en primer lugar a quienes conocieron -y extrañarán- su voz serena, su sonrisa entusiasta y su bonhomía de ojos claros. Y luego, a lo largo y ancho del mundo, a miles o millones que se enteraron sorprendidos de la muerte del ganador del Oscar por Una mujer fantástica, el mismo a quien la Berlinale prodigó el aplauso más gozoso y prolongado en su edición 2013 gracias a Gloria.. Seguir leyendo
La trayectoria del director, punta de lanza del ‘Novísimo cine chileno’, resulta inesquivable en términos de su presencia y reconocimiento, así como de lo que nos dice sobre los mundos que retrató
La temprana partida de Sebastián Lelio, en medio de la filmación del que iba a ser su décimo largometraje (Poeta chileno), ha descolocado y entristecido: en primer lugar a quienes conocieron -y extrañarán- su voz serena, su sonrisa entusiasta y su bonhomía de ojos claros. Y luego, a lo largo y ancho del mundo, a miles o millones que se enteraron sorprendidos de la muerte del ganador del Oscar por Una mujer fantástica, el mismo a quien la Berlinale prodigó el aplauso más gozoso y prolongado en su edición 2013 gracias a Gloria.. También estarán los que se detuvieron unos segundos a pensar qué pudo haber seguido haciendo Lelio, así como, probablemente, qué nos dejó. Y en especial Gloria, en tanto síntesis de su visión del hombre chileno como tipo pusilánime y sin carácter, y la de la mujer como un ser que enfrenta la adversidad y no le teme al placer.. De niño, Lelio nunca estuvo más de tres años en un mismo lugar (“Siempre era el nuevo”, contaba): Viña del Mar, Concepción, luego EE UU, y a los 12 años, Cholguán, a una hora de Chillán. Sus rasgos nomádicos no lo abandonarían, acaso causa y efecto de hacer películas. Tras cambiar la carrera de Periodismo por la de cine, tuvo en Carlos Flores a su maestro e hizo suya la máxima cervantina de este último: “Ataque irreflexivo, retroceso metódico”. Mejor pedir perdón que pedir permiso.. A Lelio, que nació Lelio pero firmaba aún como Sebastián Campos cuando zarandeó digitalmente la producción chilena con La sagrada familia (2005), le gustaba escribir, y no solo guiones. Cercanos han contado que tenía poemas y que Mauricio Redolés se los celebró. Dicen también que cuando se encariñaba con algún proyecto eran de los que no cejaban: como cuando salió a las calles de Santiago de Chile, en 2002, con equipo mínimo, para grabar la vida de la ciudad en 24 horas continuas con la idea de comprimirlo todo en una hora.. Sebastián Lelio, ganador del premio a la mejor película de habla no inglesa por «Una mujer fantástica», en Los Ángeles el 4 de marzo de 2018.Jordan Strauss (AP Photo/Jordan Strauss). Grabó la capital junto a su amigo, el animador televisivo Sergio Lagos, pero el piloto de Tiempo real no llegó a las pantallas. Nada que le hiciera perder el entusiasmo, en todo caso, ni la voluntad de torcer el camino. Eso podría explicar que, aupado por el reconocimiento a una película tan severa como El año del tigre (un destacado de Locarno 2011), se haya animado a proseguir con Gloria, una cinta mucho más luminosa, al punto de ser un bicho raro en la parrilla berlinesa al momento de su estreno mundial: una película sudamericana sin narcos ni pornomiseria. Poco después de estrenarla, declararía a revista Capital que hay “mucha idea fija acerca de lo que el cine del Tercer Mundo debe ser. Ahí depende de cada cineasta ver hasta dónde se relaciona con eso, hasta dónde lo combate”.. La idea, prosiguió, “es que el cine no sea ni social ni masivo ni artístico, sino que sea libre. Y, sobre todo -ojalá- de calibre”.. El calibre de su cine ha sido bien ponderado en distintas latitudes, más allá de la evidente vitrina que supuso la estatuilla para Una mujer fantástica, que en tanto elogio y martirologio de una víctima es menos logrado que otros de sus filmes, pero que lo ungió como cineasta global que instala temas contemporáneos como la cuestión trans. Antes había ido en esa línea al adaptar por primera vez un “encargo”: una historia lésbica en un medio judío ortodoxo (Desobediencia, 2017, producida y protagonizada por Rachel Weisz) y había transformado su propia Gloria en Gloria Bell, gracias a que Julianne Moore se había maravillado con el rol de García y quiso producir y protagonizar el remake… siempre que Lelio dirigiera. Más tarde, ya en pandemia, una asociación de productores británico-irlandeses le permitió llevar a puerto El prodigio (The Wonder), un drama ambientado en la Irlanda de 1862 que llegó a distintas latitudes gracias a Netflix.. Sebastián Lelio, cineasta, director y productor chileno, en Providencia, Santiago de Chile, el 24 de julio de 2025.Fernanda Requena. Algo hubo siempre de incierto en la carrera de Sebastian Lelio, quien a veces transitó a contracorriente y otras tantas encarnó cierto espíritu de su tiempo: a veces iba por la ruptura; otras, por acoplarse a su época. Por ese lado, es dable pensar -de nuevo- en lo que pudo haber sido su carrera y en lo que quizá llegue a ser Poeta chileno.. Silvio Caiozzi, colega que no tuvo mucho que ver con él, suele decir que el cine chileno se la pasa farreándose la “maravillosa literatura” nacional. En otro giro inadvertido de su carrera hoy truncada, Lelio había reincidido en sus nomadías exploratorias cuando volvió a entusiasmarse con las películas y con las letras, esta vez las de Zambra. Le dé o no la razón a Caiozzi, en eso último consistió buena parte de su vida.
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