Alfred Hitchcock dijo en una ocasión: “Las rubias son las mejores víctimas; son como la nieve virgen, sobre la que se distinguen todas las huellas ensangrentadas”. Era una época en la que las mujeres de cabellos dorados y tez blanquísima eran las mártires idóneas para ser tratadas con violencia y consumidas por la mirada masculina. Con la llegada del slasher, ese subgénero del terror sangriento y explícito, surge la final girl, un término acuñado por la autora Carol J. Clover en su ensayo Her body, himself. Gender in the slasher film, donde la académica ahonda en el tipo de mujer que siempre acaba mal en las películas de miedo, un análisis que completa más adelante en Men, Women, and Chainsaws (Princeton University Press, 2015), un libro en el que fija la mirada en quién observa a quién en ese tipo de cine.. Seguir leyendo
Alfred Hitchcock dijo en una ocasión: “Las rubias son las mejores víctimas; son como la nieve virgen, sobre la que se distinguen todas las huellas ensangrentadas”. Era una época en la que las mujeres de cabellos dorados y tez blanquísima eran las mártires idóneas para ser tratadas con violencia y consumidas por la mirada masculina. Con la llegada del slasher, ese subgénero del terror sangriento y explícito, surge la final girl, un término acuñado por la autora Carol J. Clover en su ensayo Her body, himself. Gender in the slasher film, donde la académica ahonda en el tipo de mujer que siempre acaba mal en las películas de miedo, un análisis que completa más adelante en Men, Women, and Chainsaws (Princeton University Press, 2015), un libro en el que fija la mirada en quién observa a quién en ese tipo de cine. Seguir leyendo
Alfred Hitchcock dijo en una ocasión: “Las rubias son las mejores víctimas; son como la nieve virgen, sobre la que se distinguen todas las huellas ensangrentadas”. Era una época en la que las mujeres de cabellos dorados y tez blanquísima eran las mártires idóneas para ser tratadas con violencia y consumidas por la mirada masculina. Con la llegada del slasher, ese subgénero del terror sangriento y explícito, surge la final girl, un término acuñado por la autora Carol J. Clover en su ensayo Her body, himself. Gender in the slasher film, donde la académica ahonda en el tipo de mujer que siempre acaba mal en las películas de miedo, un análisis que completa más adelante en Men, Women, and Chainsaws (Princeton University Press, 2015), un libro en el que fija la mirada en quién observa a quién en ese tipo de cine.. “El género funcionaba, en muchos casos, como una especie de fábula moral asociada al puritanismo de la sociedad americana de la época”, explica Marina M, creadora digital conocida en las redes como @emedemmar, en un vídeo. “El mensaje estaba clarísimo: si eras una mujer libre, sociable o directamente disfrutabas de tu sexualidad, la película te castigaba con la muerte. Esta teoría de la final girl establecía que, por un lado, estaba el papel de la víctima tradicional, inhibida, divertida, como Tina en Pesadilla en Elm Street y las jóvenes de Viernes 13. Por otro lado, y en oposición a ellas, estaba la chica que llega con vida al tercer acto. Casualmente, siempre la más disciplinada, la que se negaba a los placeres adolescentes, la que se queda haciendo de canguro mientras los demás están de fiesta o la que viste de forma mucho más neutra. Pensad en Laurie Strode en Halloween (1978) o en Nancy Thompson en Pesadilla en Elm Street (1984).Su supervivencia es la recompensa a su virtud moral”, explica.. Heather Langenkamp en ‘Pesadilla en Elm Street’.Alamy / CORDON PRESS. En la década de los 70, la cultura popular había romantizado de tal manera el consumo de drogas y el sexo que muchos pensaron que constituía una peligrosa amenaza para la moralidad, por lo que las películas se encargaron de demonizar la sexualidad y se convirtieron en relatos aleccionadores.. Clover comenta en su ensayo que en el plano del lenguaje cinematográfico, la falta de feminidad de la final girl se manifiesta claramente a través del ejercicio de la active investigating gaze (mirada activa e investigadora) que suele estar reservada a los hombres, por lo que es duramente castigada cuando son las mujeres quienes la adoptan. “Al principio, la final girl observa con cautela, pero después lo hace de manera cada vez más decidida y agresiva: busca al asesino, incluso siguiéndolo hasta su cabaña en el bosque o su laberinto subterráneo, y finalmente lo mira directamente. De este modo, consigue introducirlo, a menudo por primera vez, en nuestro propio campo de visión como espectadores”, escribe.. Una escena de ‘Pesadilla en Elm Street’. Alamy / CORDON PRESS. “Cuando, en la escena final, deja de gritar, mira al asesino y empuña un arma (un cuchillo, un mazo, un bisturí, una pistola, un machete, una percha, una aguja de tejer o una motosierra), se enfrenta a él en sus propios términos”, asegura.. Una de las final girls más míticas es Laurie Strode, a quien da vida Jamie Lee Curtis en Halloween. Lynda es su arquetipo: refuerza su feminidad y da vida a esa guapa tonta que tanto gusta al cine y que se encarga de dar la lección moral definitiva al decidir pasar la noche de Halloween con su novio. Michael Myers, el asesino, finge ser su pareja, por lo que el mensaje es claro: el sexo es una condena. Ante las críticas que sostenían que Halloween castigaba la sexualidad femenina, el director, John Carpenter, mostró su desacuerdo a Todd McCarthy en una entrevista publicada en Film Comment. “Creo que [los críticos] no entendieron nada en ese aspecto. Porque, si lo analizamos desde otra perspectiva, resulta que la chica más reprimida sexualmente no deja de apuñalar al sujeto con un cuchillo largo. Es ella quien sufre una mayor frustración sexual; es ella quien lo mata. No porque sea virgen, sino porque toda esa energía reprimida empieza a salir a la superficie. Utiliza todos esos símbolos fálicos contra el hombre… Existe un vínculo entre ella y el asesino: la represión sexual”, asegura.. Jamie Lee Curtis en ‘Halloween’.ALAMY / CORDON PRESS. Elisa Puerto Aubel, guionista y docente especializada en cine de terror y nuevas narrativas climáticas, matiza que antes de la final girl estuvo la reina del grito, presente también en Europa en el expresionismo alemán. “Es la víctima a la que asusta muchísimo el monstruo, pero como vemos por ejemplo en King Kong (1933), además de ser la víctima, tiene que justificar por qué el monstruo se comporta así”, asegura a S Moda. Javier Parra, crítico experto en cine de terror, comenta que estas fórmulas son una forma de castigo que cree que tiene que ver con el origen de la culpa cristiana. “La manera de moralizar fue, primero, con los cuentos populares: Caperucita es castigada por hablar con un extraño y vestir de rojo (la lujuria); en las leyendas urbanas, la pareja que estaba practicando sexo en un coche de un descampado era la que moría a manos de un asesino escapado de un manicomio; y en el slasher, el sexo es la muerte”, dice.. Una escena de ‘Viernes 13’.Alamy / CORDON PRESS. El giro autorreferencial. En el siglo XXI, el cine comenzó a apostar por el enfoque autorreferencial de la final girl, siendo Scream (1996) uno de sus ejemplos más icónicos. El personaje de Randy, interpretado por Jamie Kennedy, comunica a sus amigos cuáles son las reglas que han de cumplirse para poder sobrevivir con éxito en una película de terror. “Número 1: no practicar el sexo. El sexo equivale a muerte, ¿vale? Número 2: no puedes nunca beber o tomar drogas. Ahí está el factor del pecado, que es una extensión de la regla número 1. Y número 3: nunca, nunca, bajo ninguna circunstancia, digas enseguida vuelvo, porque no volverás”, dice.. Parra apostilla entonces que el personaje de Sidney, a quien interpreta Neve Campbell, acaba sucumbiendo al sexo, que debería ser norma para que muriese. “Y, sin embargo, acaba sobreviviendo y ha llegado a ser la final girl más legendaria, estando presente hasta en seis entregas”, asegura.. Kristen Connolly en ‘La cabaña en el bosque’ (2012).Alamy / CORDON PRESS. Elisa Puerto Aubel cita otro ejemplo: The Cabin in the Woods (2011), cuya protagonista representa la figura virginal de la final girl como parte de un elaborado ritual de sacrificio humano. Quien lo anuncia es Sigourney Weaver, que dio vida a otra final girl del cine en Alien (1979). “¿La puta? Está corrompida, y por eso muere primero”, dice.. En La reina del grito (Blackie Books, 2020), la periodista y crítica de cine Desirée de Fez se enfrenta a sus múltiples miedos reflejados en el cine de terror. La periodista de El País Noelia Ramírez, al hablar con ella sobre su escrito, le recordó que al compararse con la final girl, decidió serlo, pero sin sufrir tanto. “Lo explica muy bien Mariana Enríquez en el texto de la faja del libro. No recuerdo cómo ha quedado al final porque envió un texto más largo, pero dijo una cosa que me gustaba mucho, algo así como que cuando formas parte de un entorno tan masculino, formar parte de ese entorno te obliga o te lleva a mirar los miedos en la pantalla de otra manera. Y eso es así. Lo de la final girl va un poco por ahí. La necesidad de llegar hasta el final pese a las dificultades”, dice.. Hannah Einbinder y Gillian Anderson ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’ (2026). Alamy / CORDON PRESS. El castigo sexual. El miedo al sexo está muy presente en It Follows (2014), película que instrumentaliza el sexo como arma dentro del género de terror; introduciendo el miedo a la infección. Conviene hablar entonces de The Beauty (2026), la miniserie de Ryan Murphy en la que la obsesión por la belleza se convierte en una infección de transmisión sexual, haciendo no solo de la presión estética, sino ante todo del deseo, el motivo de la debacle. Tanto Obsession (2025) como Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma (2026) son ejemplos de películas actuales que cambian el papel de la mujer en las películas de terror.. Elisa Puerto Aubel cree pese a todo que por más que el cine evolucione, la figura de la final girl va a ser siempre indestructible. “Lo que pasará es que, como ocurre cuando existe un cliché o un arquetipo, se continuará jugando con él y será referencial. En el momento en el que aparece una final girl, la gente la identifica y por eso, hay que darle una vuelta. Lo importante es ir más allá”, asegura.. Samara Weaving en una escena de ‘Ready or Not’ (2019).ALAMY / CORDON PRESS. Parra comenta que las cosas llevan ya dos décadas cambiando. “Un ejemplo puede ser el de Cherry Falls (2000), donde el asesino mata a vírgenes y los jóvenes deciden montar una orgía para salvarse. También tenemos la suerte de que como cada vez hay más directoras que ponen otra mirada en el terror, el sexo ya no es castigado con la muerte. Aunque también cabe decir que, tristemente, cada vez hay menos sexo en pantalla, síntoma de los tiempos conservadores que parece que estamos viviendo”, lamenta. En la película Noche de bodas (2014), cuando la protagonista descubre que la familia de su marido planea asesinarla en una suerte de escondite gore, además de luchar para protegerse, da un giro al guion y se dedica a perseguir a cada familiar para matarlo. “Las final girls han pasado a ser más proactivas que reactivas. Ya no sobreviven por pura desesperación, sino que a menudo contraatacan tomando la iniciativa y atacando primero”, comenta Stacie Ponder, creadora del blog de terror Final Girl, a Grl Mag, donde se subraya que la final girl contemporánea ya no se salva recurriendo a sus virtudes morales.. Al ahondar en que las mujeres cada vez tienen una mayor importancia en el cine de terror, Elisa Puerto Aubel quiere hacer un matiz. “Para hacer género, ya sea ciencia ficción, terror, acción o comedia pura, la mujer tiene que esforzarse siempre el triple que sus compañeros masculinos y ha de hacerlo además con la mitad de dinero. El terror femenino siempre se entiende como body horror y se relaciona con la maternidad, con la menstruación, con el abuso y con cómo vengarse del abusador, cuando tenemos también acceso a un terror ontológico; nos hacemos muchas preguntas sobre la existencia misma. Me gustaría que hiciéramos un terror que vaya más allá de nuestras funciones fisiológicas”, dice.. Un escena de ‘Scream’ (1996). Alamy / CORDON PRESS
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