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Una vez cada década se me aparecen los nombres de Sebastián Urrutia Lacroix y José Miguel Ibáñez Langlois, o sea, el personaje que narra de Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y el sacerdote del Opus Dei, crítico literario y poeta que lo inspiró y que, descubro ahora, está vivo y cumplirá 90 años en agosto. Una vez cada década: hacia el año 2000, aún en la universidad, tuve un buen enganchón con Roberto Bolaño: Nocturno de Chile, Estrella distante, La literatura nazi en América… Una chica me regaló Los detectives salvajes en la navidad de 2001. En 2002 le llamé a Bolaño por teléfono por un cachito marginal del periódico que se llamaba Fotomatón y estuvo cordial. Y en 2003 se murió. Bueno, a lo que iba era a que, de esa primera inmersión en su obra, me quedó el recuerdo del poeta-soldado de Dios que daba clases de marxismo y antimarxismo a Pinochet. Me encantaban las biografías de escritores colaboracionistas entonces; Drieu, Céline, Pound… Qué sé yo. Quizá me sigan gustando.Siguiente década: en 2015, me reencontré con Urrutia Lacroix/Ibáñez Langlois a través de un artículo de Juan Bonilla en este periódico, un texto llamado Neorrabioso de Dios que funcionaba como una crítica de la poesía del sacerdote, recién editada en España, y un descubrimiento de su historia y de su personaje. «Me describieron a un hombre pulcrísimo, que daba algo así como grima -la mano blanda, la manicura perfecta, brillo de espejos en los zapatos, agua de colonia abundante, la mirada implacable- y cuyo poder en la literatura chilena desde la crítica había sido considerable. La violencia sin matices de algunos de sus poemas dogmáticos y la inteligencia con la que penetraba en obras que no comulgaban con su estricto credo, dibujaban una personalidad compleja, irritante y muy personal, de una rara modernidad»,Su poesía era, según Bonilla, fascinante: violenta, estruendosa, odiosa, aburrida cuando tendía a narrativa y deslumbrante en los epigramas, aterradora en su manera de dividir el mundo en amigos y enemigos. Sólo puedo añadir unos versos del retratado: Terroristas del mundo, alucinados, / drogadictos, pilotos de la muerte, / pervertidos de la profunda noche: / habéis equivocado los caminos. / En Dios está el terror y la violencia / y la gloria y el sexo y la ignominia.Tela.Ibáñez Langlois reaparece ahora como personaje secundario de Letras torcidas, de Juan Cristóbal Peña (Debate), la biografía de Mariana Callejas, otra escritora chilena que no se limitó a ser colaboracionista. Fue agente de la DINA y terrorista de Estado y su personaje es atractivo, sí, pero no deja de quedarse en la categoría de loquita trágica de comportamiento errático. El misterio sigue siendo Ibáñez Langlois. Ojalá que en 2032 caiga en mis manos una biografía suya.
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