“Lo que tenemos que entender es que ante el cine de los hermanos Lumière, cuando proyectaron la llegada del tren a la ciudad, la gente sentía miedo de ese nuevo medio. Es el mismo miedo que sintieron los pintores con la fotografía, los creadores de teatro con el cine o los músicos con la llegada de la electrónica. Pero la historia demuestra que no hay que tener miedo a los avances tecnológicos en el arte”. En la Croisette de Cannes, epicentro del cine mundial, el pionero de la electrónica mundial Jean-Michel Jarre toma la palabra ante una audiencia que mezcla cineastas y tecnólogos para inaugurar la segunda edición del World AI Film Festival (WAIFF), el mayor certamen del mundo dedicado al cine hecho con inteligencia artificial generativa. “La herramienta es neutral y solo existe el creador detrás”, explica Jarre. Su reflexión marca el tono del evento: la inteligencia artificial no como sustituto, sino como un instrumento más en la larga historia de invenciones que han redefinido el arte. Así arrancaba este martes una cita que, en apenas dos años, se ha convertido en el gran escaparate de un cine hecho a la vez por artistas y por algoritmos.. Seguir leyendo
El festival WAIFF, con películas hechas con inteligencia artificial, celebra su segunda edición y reflexiona sobre el impacto de esta herramienta en el séptimo arte
“Lo que tenemos que entender es que ante el cine de los hermanos Lumière, cuando proyectaron la llegada del tren a la ciudad, la gente sentía miedo de ese nuevo medio. Es el mismo miedo que sintieron los pintores con la fotografía, los creadores de teatro con el cine o los músicos con la llegada de la electrónica. Pero la historia demuestra que no hay que tener miedo a los avances tecnológicos en el arte”. En la Croisette de Cannes, epicentro del cine mundial, el pionero de la electrónica mundial Jean-Michel Jarre toma la palabra ante una audiencia que mezcla cineastas y tecnólogos para inaugurar la segunda edición del World AI Film Festival (WAIFF), el mayor certamen del mundo dedicado al cine hecho con inteligencia artificial generativa. “La herramienta es neutral y solo existe el creador detrás”, explica Jarre. Su reflexión marca el tono del evento: la inteligencia artificial no como sustituto, sino como un instrumento más en la larga historia de invenciones que han redefinido el arte. Así arrancaba este martes una cita que, en apenas dos años, se ha convertido en el gran escaparate de un cine hecho a la vez por artistas y por algoritmos.. Más información. El WAIFF se celebra en los mismos lugares que el propio festival de Cannes, pero no debate quién debería ganar la Palma de Oro, sino algo más incierto: qué significa crear imágenes en la era de la inteligencia artificial. Organizado como un encuentro global —“Una aventura colectiva”, en palabras de su director, Jean-Edouard André—, reúne a miles de creadores que exploran las posibilidades narrativas de estas nuevas herramientas. Detrás está también la visión de su fundador, Marco Landi, expresidente mundial de Apple Computer, que insiste en mirar antes de juzgar: “¿Por qué tener miedo? Una nueva forma de hacer cine está llegando y es inevitable”. Más de 5.500 películas han sido enviadas desde 80 países, lo que sitúa al WAIFF como uno de los mayores certámenes por volumen de obras recibidas. Y 1.300 proceden de Corea del Sur, en un indicio claro de cómo ciertos ecosistemas tecnológicos están abrazando con rapidez esta nueva forma de producción audiovisual.. El jurado está presidido por la actriz Gong Li e incluye, entre otros, a la actriz Agnès Jaoui y al cineasta Claude Lelouch, pero el WAIFF no es solo su competición, que proclamó vencedor al filme Costa Verde, de Leo Cannone: funciona también como un mercado y un foro de pensamiento. En sus pasillos, entre estands que ofrecen cursos, software y programas universitarios centrados en inteligencia artificial, se percibe una industria emergente. Como en el festival de Cannes, aquí también se negocia, se aprende y se proyecta futuro. A ello se suman las charlas (todas ellas, claro, primorosamente traducidas en tiempo real con IA), donde cineastas, productores y tecnólogos debaten sobre la “nueva gramática” del medio. En ese equilibrio entre herramienta y autoría se sitúa buena parte del debate que atraviesa el festival.. Momento revolucionario. “Estamos en un momento revolucionario, que va a transformar la industria de la creación audiovisual, y en muy poco tiempo”, señalaba en una charla Caroline Cooper, COO de Sky Entertainment. La rapidez ha sido clave: la IA generativa de vídeo ha avanzado a gran velocidad en un par de años. Ese salto se ha hecho visible con herramientas como Sora, desarrollada por OpenAI, que ha demostrado una capacidad creciente para generar secuencias complejas a partir de texto. De hecho, en septiembre OpenIA anunció su propio filme hecho con IA, Critterz. Aunque, con un coste de 1,3 dólares cada vídeo de 10 segundos, Sora cerró recientemente su aplicación por inasumible. Mientras tanto, las productoras ya perciben un impacto directo en los costes. “Se han reducido una barbaridad, cualquiera que use aunque sea un poco estas herramientas ya lo sabe”, explicaba la productora Enora Contant.. ‘The woman and the wolf, Courti Benoit’ pieza hecha con inteligencia artificial para el festival sobre cine e IA. WAIFF, en Cannes.Captura de pantalla’SEED, COHEN ADRIEN’ pieza hecha con inteligencia artificial para el festival sobre cine e IA. WAIFF, en Cannes.Captura de pantalla’La Tisseuse d’Ombres – The Shadows Weaver, HOREL Anne’, pieza hecha con inteligencia artificial para el festival sobre cine e IA. WAIFF, en Cannes.Captura de pantalla’D’ombre et de lumière, LOIACONO Fabien’ pieza hecha con inteligencia artificial para el festival sobre cine e IA. WAIFF, en Cannes.Captura de pantalla. Dicho todo esto, ¿cómo son las películas hechas con IA proyectadas estos días en Cannes? En primer lugar, hay que decir que películas no hay tantas; la mayoría, por duración, son cortos o mediometrajes. Temática y visualmente hay de todo: la colorida La Tisseuse d’Ombres, de Anne Horel, reflexiona sobre la naturaleza de las imágenes en la era digital en una forma casi de caleidoscopio; Warped Memories explora recuerdos distorsionando imágenes; en Cohabitation, un hombre y una mujer despiertan con sus cabezas cosidas al mismo cuerpo; La Sélection Mécanique propone animación sobre robots en una fábrica… “Lo ecléctico de los filmes a competición es una muestra de lo diversas que pueden ser las creaciones hechas con estas herramientas”, apunta Marco Landi. No todo es perfecto en las obras: muchas destacan por sus imágenes impactantes, sí, pero también revelan problemas recurrentes: la animación de dibujos, fantasía o ciencia ficción rivaliza con las mejores productoras, pero si se generan seres humanos surgen desajustes entre labios y diálogos (el cacareado valle inquietante); también existe cierta homogeneización visual, sobre todo en luces y texturas; y muchas piezas, incluso las más largas, tienen aún sabor a cortometraje: se apoyan en voces en off y en atmósferas e ideas potentes, más que en estructuras narrativas complejas. Son, en cierto modo, una evolución de los clips de IA que circulan por redes sociales, pero a la que se le adivina una intención artística detrás.. “Siempre hablamos de la magia del cine, pero seamos sinceros: detrás hay toneladas de trabajo manufacturado”, señalaba Jessie Yang, jefa de marketing de MiniMax, una de las mayores empresas detrás de la IA aplicada al cine, en otra de las charlas. “Con estas herramientas vamos a librarnos de los inconvenientes a la hora de rodar una escena. Se rodarán solas, dejando paso a la pura creatividad”. Yang hizo un ejercicio curioso: puso el tráiler de Death Lane, un segmento especialmente logrado en el que un hombre y una mujer en los EE UU de los setenta repostan en una gasolinera en medio del desierto mientras un siniestro coche les sigue. El nivel visual de esta producción es alucinante, y la atmósfera de suspense está muy lograda. Al terminar el tráiler, Yang señaló: “Tras ver esto, nadie se pregunta qué motor gráfico se ha usado o cuál es el prompt; la gente lo que quiere saber es qué pasa luego”. Hay que reconocer que en el caso de Death Lane lleva toda la razón.. Problemas digitales. No todo fueron bondades tecnológicas. Los problemas que rodean a la inteligencia artificial atravesaron buena parte de las conversaciones del festival, especialmente en lo relativo a la autoría, los derechos y el uso de obras previas. Jarre lo planteó sin rodeos: “Sabemos que la IA cosecha la creatividad mundial. Es lo que también hace nuestro subconsciente, pero hay que tener cuidado”, señalaba sobre una herramienta construida sobre materiales que a menudo no están claros. El músico advertía además del vacío normativo: “Hoy la IA es el lejano oeste, y no debe ser así: hay que regular su uso”. De ahí su propuesta de adaptar los marcos legales: “La creación humana es el fundamento de la IA. Debemos hacer una tarta digital, un canon global, aplicar la filosofía de derechos de autor para remunerar los materiales originales”.. Cartel del WAIFF en el Palacio de festivales de Cannes. POL LLOBERAS CARDONA (EFE). Una de las charlas más estimulantes de todo el festival fue la conversación entre Claude Lelouch y Mathieu Kassovitz, dos cineastas premiados en el certamen de Cannes que, con matices, mostraron su interés por el uso de la IA. “Llevo haciendo cine 50 años y en muchas cosas me siento amateur”, contó Lelouch, ganador del Oscar en 1967 por Un hombre y una mujer. “Conocí el súper 8, los 16 milímetros… cada adelanto fue una revolución técnica, como el paso al color o al sonido. Hoy la gran nouvelle vague es la IA: una cámara que te da imágenes que no has filmado aún”. Pero introdujo un matiz: “El problema es la espontaneidad, lo que saco de los actores en el set, esa chispa que veo en sus ojos y que no sé si las personas generadas con IA pueden darme”. “Yo sí he sentido esa chispa en actores creados con IA”, respondió Kassovitz, ganador del premio a la mejor dirección en Cannes en 1995 con El odio y que aseguró que su próxima película —un drama ambientado en la Segunda Guerra Mundial— no podría realizarse sin estas herramientas. “Sin IA costaría 60 millones”, explicó. El director evocó además a George Lucas y Star Wars como ejemplo de un momento en que la tecnología tuvo que crearse para poder materializar la imaginación. Eso sí, lanzó una advertencia sobre el impacto laboral: “Los jefes de departamento seguirán ahí, pero afectará a los trabajadores de base de cada departamento cinematográfico porque muchos serán sustituidos”.. El músico y embajador del WAIFF, Jean-Michel Jarre, interviene durante la inauguración del mismo.POL LLOBERAS CARDONA (EFE). “La IA de hoy tiene muchos fallosy es muy imperfecta”, señaló Jarre en la gala de apertura. “Pero será perfecta. Y este festival quedará como monumento a la imaginación humana, como un primer paso”. IA significa, claro, “inteligencia artificial”. Pero en el festival sobrevuela otra idea, también formulada por Jarre: la de “imaginación aumentada”. “Es porque inventamos el violín que existió Antonio Vivaldi; es porque inventamos la electricidad que existe Quentin Tarantino. Y lo que estamos haciendo hoy es inventar las herramientas para los creadores del mañana”, sentencia el pionero de la electrónica mundial. Quizá ahí reside la clave de lo que ocurre estos días en Cannes: no en sustituir al cine, sino en ampliarlo. Amenaza u oportunidad, veremos cómo evoluciona en los próximos años.
EL PAÍS
