Del niño que perdió 100 pesetas en el mercado al adolescente que encontró su primer trabajo como aprendiz de sastre en una España en la que los jóvenes tenían pocas opciones más que la de trabajar. Del muchacho que cantaba a Edith Piaf entre telas y patrones, a escondidas en el almacén de la sastrería, al que encontró en el maestro Gordillo la oportunidad de aprender a cantar. De sus primeras actuaciones a conquistar el Festival de Benidorm. Y de Benidorm a desafiar todas las reglas de la música en España con una decisión que entonces parecía una locura: subirse solo al escenario del Teatro de la Zarzuela, sin orquesta que lo acompañara sobre las tablas, sin bailarines, sin más espectáculo que su presencia, su voz y una manera de interpretar que nadie había visto hasta entonces. De aquel Miguel Rafael Martos que soñaba con cantar al Raphael que acabaría convirtiéndose en leyenda. Y así hasta hoy. Hasta Aquel, la primera serie de ficción sobre la vida del artista, estrenada en Netflix, que recorre el nacimiento de un mito al que España lleva más de seis décadas mirando y escuchando.
El actor interpreta los años en los que Miguel Rafael Martos comenzó a construir al artista que cambiaría la música en España: «Pagó con privacidad y libertad, pero creo que fue un precio que pagó a gusto», dice Morgade
Del niño que perdió 100 pesetas en el mercado al adolescente que encontró su primer trabajo como aprendiz de sastre en una España en la que los jóvenes tenían pocas opciones más que la de trabajar. Del muchacho que cantaba a Edith Piaf entre telas y patrones, a escondidas en el almacén de la sastrería, al que encontró en el maestro Gordillo la oportunidad de aprender a cantar. De sus primeras actuaciones a conquistar el Festival de Benidorm. Y de Benidorm a desafiar todas las reglas de la música en España con una decisión que entonces parecía una locura: subirse solo al escenario del Teatro de la Zarzuela, sin orquesta que lo acompañara sobre las tablas, sin bailarines, sin más espectáculo que su presencia, su voz y una manera de interpretar que nadie había visto hasta entonces. De aquel Miguel Rafael Martos que soñaba con cantar al Raphael que acabaría convirtiéndose en leyenda. Y así hasta hoy. Hasta Aquel, la primera serie de ficción sobre la vida del artista, estrenada en Netflix, que recorre el nacimiento de un mito al que España lleva más de seis décadas mirando y escuchando.. Pero ¿cómo se interpreta a alguien al que todo el mundo cree conocer? ¿Cómo se convierte un actor en un hombre cuyos gestos, cuya voz, cuya manera de moverse y hasta de mirar forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones? Ese fue el desafío al que se enfrentó Javier Morgade cuando aceptó meterse en la piel del Raphael más joven. Y la respuesta, por paradójica que resulte, fue intentar olvidarse del Raphael que todos conocemos para encontrar al muchacho que todavía no sabía que acabaría siendo Raphael.. «De sus inicios hay muy poca información», explica el actor a EL MUNDO. De los concursos de radio, del Festival de Benidorm, de aquella llamada «gira del hambre»… existen los recuerdos que el propio artista ha ido dejando en entrevistas, memorias y documentales, pero no la sobreexposición que llegaría después. Y ahí encontró Morgade una inesperada libertad: «Intentar sacar qué rasgos de personalidad pudieron llegar a convertirse en lo que él es hoy».. Aquel aborda en ocho episodios cinco décadas de la vida del artista, desde sus humildes orígenes en la España de posguerra hasta los grandes escenarios internacionales, pasando por Madrid, París, Moscú, Las Vegas o Acapulco. Javier Morgade encarna al Raphael joven y Carlos Santos toma el relevo en su madurez. Junto a ellos están Natalia Varela, Francesco Carril, Pepa Aniorte y Manolo Caro. DLO Producciones, en asociación con Caracol Televisión, está detrás de una ficción dirigida por Tito López Amado, Javier Pulido y Beatriz Sanchís que pretende entrar tanto en el éxito como en los conflictos y las zonas más oscuras de una carrera extraordinaria.. «Cuando vio que lo que hacía era recibido por el público, empezó a convertirse en una necesidad». Javier Morgade, actor. Porque Aquel no cuenta únicamente cómo Miguel Rafael Martos Sánchez alcanzó el éxito. Cuenta algo probablemente más interesante: cómo Miguel fue necesitando a Raphael. Morgade cree que esa transformación comenzó muy pronto, cuando aquel joven descubrió que lo que sentía sobre un escenario también provocaba algo en quienes estaban enfrente. «Cuando vio que lo que hacía era recibido por el público, empezó a convertirse en una necesidad». El éxito, más que una recompensa, se convirtió en una exigencia permanente. Y tuvo un precio: «Supongo que privacidad y, de alguna manera, también libertad. Pero creo que es un precio que pagó a gusto».. Ahí reside también uno de los mayores peligros de interpretar a Raphael. Es tan reconocible que basta un gesto de más para convertir una interpretación en una imitación. La premisa durante el rodaje fue tajante: «Nada de hacer un Tu cara me suena». Morgade estudió sus miradas, la posición de la boca, las manos, sus movimientos y hasta su técnica vocal, pero después tuvo que olvidarse de todo aquello. «Si me hubiese quedado únicamente en reproducir sus gestos o sus maneras, estaríamos hablando de una imitación». Lo verdaderamente difícil era encontrar aquello de donde nacían esos gestos.. Durante casi un mes trabajó las actuaciones junto a un coach vocal: cómo utilizaba Raphael el diafragma, dónde respiraba, cómo colocaba la voz, cuándo contenía la potencia y cuándo la liberaba. Después llegaba a casa y Raphael seguía allí. «La sensación era como compartir piso con alguien». Mientras preparaba la cena o pensaba en llamar a su padre, una canción continuaba sonando para que pudiera descubrir dónde respiraba el cantante, dónde hacía pequeña la voz o dónde la lanzaba con toda su fuerza.. Imagen de la serie Raphael.NETFLIX. El verdadero Raphael también estuvo cerca. Antes de comenzar el rodaje invitó a Morgade a verlo actuar en el Teatro de la Zarzuela, precisamente el escenario en el que décadas atrás había dado uno de los conciertos decisivos de su carrera y que la serie recrea. Después apareció por el rodaje el día en que Morgade grababa la primera actuación de Raphael en Eurovisión. «Estaba muy contento. Me preguntaba todo el rato si yo estaba bien, si estaba contento. Me dijo que le encantaba ver cómo hacía lo que él hubiera hecho en aquel momento». Para un actor que tenía delante al hombre cuya vida estaba reconstruyendo, pocas aprobaciones podían pesar más.. Morgade, además, llegó a una conclusión después de convivir tantos meses con él: probablemente hoy no podría aparecer otro Raphael de la misma manera. «Creo que no. El contexto era importante». Las redes sociales, sostiene, «han cambiado la construcción de los artistas y también la manera de exhibir sus inseguridades» -o de ocultarlas-. Frente a esa fabricación permanente de una imagen, en Raphael encontró algo difícil de reproducir: una seguridad que considera genuina.. Aquel también se detiene en lo que ocurrió cuando aquella ambición comenzó a cobrar su factura. Jornadas interminables, dos funciones de casi tres horas en un mismo día, la pérdida de voz, la dificultad para poner límites e incluso momentos en los que el éxito dejó de bastar. Morgade tiene su propia teoría sobre por qué, a diferencia de tantos artistas, el personaje nunca terminó devorando a la persona. «Llegó un momento en el que tenía todo lo que creía que necesitaba y quizá descubrió que eso no le llenaba completamente. Ahí entró su proyecto personal, su familia, su gente. Creo que eso le salvó y ha hecho que el personaje no le consuma».. Javier Morgade, en la escena en la que Raphael gana el Festival de Benidorm.NETFLIX. De todo cuanto descubrió preparando la serie, una de las cosas que más impresionó al actor fue entender hasta qué punto Raphael rompió las reglas antes incluso de convertirse en Raphael: apostar por recitales en solitario cuando dominaban los espectáculos de variedades, mirar hacia artistas internacionales como Edith Piaf y construir una manera de estar sobre un escenario que en España apenas existía.. Por eso, después de meses estudiándolo, escuchándolo y tratando de pensar como él, Morgade no duda cuando se le pide completar una frase: «Raphael no sería Raphael si no hubiera hecho lo que le ha dado la gana».. Tal vez ésa sea también la explicación más corta de una carrera de más de 60 años.
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