El 20 de junio de 1893, 12 hombres declararon inocente a Lizzie Borden. O, para ser exactos, la declararon «no culpable». Habían necesitado apenas 90 minutos para decidir que la Fiscalía no había demostrado que aquella mujer de 32 años hubiera asesinado a hachazos a su padre y a su madrastra en la casa familiar de Fall River, Massachusetts. Legalmente, Lizzie Borden salió libre. Para Estados Unidos, nunca lo fue.
La cuarta entrega de Monstruo recupera el crimen sin resolver que conmocionó EEUU en 1892 y convierte en hechos algunas de las teorías que persiguen a Borden desde hace más de un siglo. Su licencia más sorprendente es unirla a Aileen Wuornos, una relación que nunca existió
El 20 de junio de 1893, 12 hombres declararon inocente a Lizzie Borden. O, para ser exactos, la declararon «no culpable». Habían necesitado apenas 90 minutos para decidir que la Fiscalía no había demostrado que aquella mujer de 32 años hubiera asesinado a hachazos a su padre y a su madrastra en la casa familiar de Fall River, Massachusetts. Legalmente, Lizzie Borden salió libre. Para Estados Unidos, nunca lo fue.. Más de 130 años después, su apellido continúa pegado a un hacha. «Lizzie Borden took an axe / And gave her mother forty whacks…» («Lizzie Borden tomó un hacha / Y a su madre cuarenta golpes le dio…»). Generaciones de niños estadounidenses crecieron cantando una macabra rima que hizo bastante más por dictar sentencia que aquel jurado de 1893. La canción se equivocaba en casi todo: Abby Borden no era su madre, sino su madrastra; no recibió 40 golpes, sino 19; Andrew Borden tampoco recibió 41, sino 10 u 11; y el arma probablemente fue un hacha pequeña o hatchet. Pero acertó en lo verdaderamente importante para construir un mito: puso a Lizzie el arma en la mano. De ahí nunca se la pudo quitar.. Ese es el material con el que Ryan Murphy e Ian Brennan han construido Monstruo: La historia de Lizzie Borden, estrenada el pasado 17 de septiembre en Netflix. Es la cuarta entrega de la antología Monstruo, después de Jeffrey Dahmer, los hermanos Menéndez y Ed Gein, y la primera protagonizada por una mujer. Ella Beatty interpreta a Borden; Charlie Hunnam, a su padre, Andrew; Rebecca Hall, a Abby; Vicky Krieps, a la criada Bridget «Maggie» Sullivan; y Sarah Paulson aparece en el giro más sorprendente de la temporada: Aileen Wuornos.. La serie hace algo que la Historia jamás pudo hacer: decidir que Lizzie Borden fue la asesina.. La mañana del 4 de agosto de 1892, Abby Borden apareció muerta en una habitación de la casa familiar. Aproximadamente hora y media después fue asesinado Andrew, cuyo cadáver quedó tendido sobre un sofá del salón con el rostro destrozado. No había señales evidentes de robo, nadie había visto entrar o salir al asesino y, en los momentos relevantes, Lizzie y Bridget Sullivan eran las únicas personas de la casa que podían situarse cerca de las víctimas. Emma, la hermana mayor de Lizzie, se encontraba fuera de Fall River.. Las sospechas acabaron cercando a Lizzie. Dio explicaciones contradictorias sobre dónde había estado, aseguró que había pasado parte del tiempo en el granero, se conoció que había intentado comprar ácido prúsico el día anterior a los asesinatos y una amiga, Alice Russell, declaró que la había visto quemar un vestido pocos días después de los crímenes. Sin embargo, no apareció un arma que pudiera vincularse de manera concluyente con los asesinatos ni ropa ensangrentada, y algunas de las pruebas más comprometedoras para ella fueron excluidas del juicio. El 11 de agosto fue detenida. El 5 de junio de 1893 comenzó el proceso y el día 20 quedó absuelta. Nadie más fue acusado jamás. Oficialmente, los asesinatos de Andrew y Abby Borden continúan sin resolver.. Escena de Monstruo: la historia de Lizzie Borden.NETFLIX. Pero el caso contenía un ingrediente irresistible para la América victoriana: la acusada no encajaba con el asesino que se esperaba encontrar.. Borden era blanca, protestante, de una familia acomodada, daba clases en la escuela dominical y pertenecía a una clase social a la que resultaba casi inconcebible atribuir semejante brutalidad. Su propio género jugó un papel paradójico. Una mujer no podía formar parte del jurado que la juzgó, pero la concepción de la mujer respetable como un ser moralmente puro, delicado y físicamente incapaz de semejante violencia también favoreció a su defensa. Su proceso acabó convertido en un gigantesco espectáculo nacional sobre el crimen, la clase, el sexo y los prejuicios de la sociedad estadounidense de finales del XIX.. Ahí está también una de las claves de que Lizzie sobreviviera a Lizzie.. Tras ser absuelta, ella y Emma compraron Maplecroft, una gran casa en la zona acomodada de Fall River que tanto había deseado. Sin embargo, buena parte de la comunidad siguió mirándola como culpable. Fue repudiada socialmente, se refugió en los viajes, el teatro y un círculo diferente al de su estricta juventud. Murió en 1927. Para entonces, la mujer real comenzaba a desaparecer detrás del personaje. Y ese personaje es el que Monstruo lleva hasta el límite.. Porque la Lizzie de Netflix no es la Lizzie que conocemos por los documentos históricos. La ficción convierte las sospechas y las teorías acumuladas durante más de un siglo en certezas narrativas, convirtiéndolo en una narración absorbente que no se puede dejar de mirar. Lizzie mata. Bridget Sullivan no sólo sabe lo ocurrido, sino que se convierte en su amante y cómplice. No existe evidencia histórica que demuestre ninguna de las dos cosas. La serie convierte además el lavado de ventanas que formó parte de la coartada de Bridget en una pieza deliberada del plan.. También transforma al matrimonio Borden para construir una explicación contemporánea de la furia de su hija. La familia real tenía conflictos, especialmente alrededor del dinero, las propiedades y la relación de Lizzie y Emma con su madrastra, pero algunas de las formas de abuso que presenta la serie carecen de pruebas históricas sólidas. Lo mismo sucede con la relación sexual entre Andrew y Bridget.. Hay incluso una víctima que Netflix coloca directamente en las manos de Lizzie. Bertha Manchester existió y fue asesinada con un arma cortante en Fall River, pero murió en mayo de 1893, cuando Borden llevaba meses encarcelada a la espera del juicio. La serie adelanta el crimen, altera a la víctima y lo convierte en una especie de ensayo general para Lizzie y Bridget.. Otra licencia es Nance O’Neil, la célebre actriz que aparece ayudando a Lizzie a interpretar ante el jurado el papel de mujer inocente. O’Neil y Borden sí fueron amigas, y aquella relación alimentaría posteriormente todo tipo de especulaciones sobre la sexualidad de Lizzie. El pequeño problema para la versión de Netflix es de 11 años: no se conocieron hasta 1904, mucho después de los asesinatos y del juicio. Son alteraciones suficientemente importantes como para entender que Monstruo no pretende resolver el caso Borden, sino utilizarlo. Es entonces cuando aparece Aileen Wuornos.. Casi un siglo separa a las dos mujeres. Wuornos, trabajadora sexual y víctima de una infancia marcada por la violencia y los abusos, asesinó a siete hombres en Florida entre 1989 y 1990; fue condenada por seis asesinatos y ejecutada mediante inyección letal en 2002. Sarah Paulson la interpreta en Monstruo como una mujer fascinada por Lizzie Borden, hasta el punto de alojarse con su pareja en la antigua casa de los Borden, convertida décadas después en alojamiento turístico.. Fotograma de Monstruo: la historia de Lizzie Borden.NETFLIX. Es un formidable artefacto dramático. Y es ficción.. No existe prueba alguna de que Aileen Wuornos estuviera obsesionada con Lizzie Borden ni de que existiera esa conexión entre ambas. Los creadores las unen para establecer una genealogía imaginaria de la violencia femenina: Lizzie mira hacia atrás, hacia la leyenda sangrienta de la condesa Erzsébet Báthory, y Wuornos mira hacia Lizzie. Tres mujeres de épocas diferentes convertidas en distintas representaciones del mismo tabú: la mujer que mata.. La comparación tiene además una perversidad interesante. A Borden la sociedad victoriana tuvo dificultades incluso para imaginarla físicamente capaz de cometer semejante crimen. Wuornos vivió el extremo opuesto: fue convertida en uno de los rostros más reconocibles del asesinato en serie estadounidense. Murphy y Brennan utilizan ese siglo de distancia para preguntarse no sólo por qué matan las mujeres, sino por cómo cambia nuestra forma de mirar a una mujer que mata. Ian Brennan ha explicado que la presencia de Wuornos permite precisamente confrontar esas dos épocas y Ella Beatty habla de un «legado de la rabia femenina» que atraviesa la temporada.. Quizá por eso Lizzie Borden sigue siendo mucho más inquietante que otros criminales cuya culpabilidad conocemos con absoluta certeza. Porque de ella no tenemos certeza. Tenemos dos cadáveres, un hacha, contradicciones, sospechas, un vestido quemado, una absolución, infinitas teorías y una canción infantil que decidió hacer lo que los tribunales no hicieron. Después llegaron libros, películas, obras de teatro, series y ahora Netflix para seguir rellenando los espacios que la Historia dejó en blanco.. Lizzie Borden murió hace casi un siglo. La mujer que inventó Estados Unidos después de los asesinatos, en cambio, continúa perfectamente viva.
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