La biblioteca del genial escritor argentino Julio Cortázar, resguardada en la sede de Madrid de la Fundación March, conserva vivos los afectos de amigos como Octavio Paz y Alejandra Pizarnik Leer
La biblioteca del genial escritor argentino Julio Cortázar, resguardada en la sede de Madrid de la Fundación March, conserva vivos los afectos de amigos como Octavio Paz y Alejandra Pizarnik Leer
Aunque haya fallecido hace más de 42 años, sus afectos siguen vivos en su biblioteca. Se puede saber sobre las amistades del escritor y traductor argentino Julio Cortázar al observar su colección de libros. Tenía diez de la poeta Alejandra Pizarnik, la mayoría dedicados; 12 del mexicano Carlos Fuentes; casi 20 del poeta y novelista cubano José Lezama Lima, a quien escribió en una carta en 1957: «Todos estos meses lo he tenido a usted bajo la luz de la lámpara, leyéndolo y releyéndolo, y admirándolo cada vez más»; y más de 35 del ensayista mexicano Octavio Paz, quien al regalarle su libro Los hijos del limo anotó en la dedicatoria: «A Julio, más cerca que lejos, en un allá que es siempre aquí».La biblioteca que Cortázar tenía en París se trasladó a Madrid en 1993 y aún está en la Fundación Juan March. Aunque no es de acceso libre, está abierta para investigadores y su versión digital está disponible en su página web. El archivo conserva sus 3.588 libros en 28 lenguas diferentes, de los que 884 contienen su firma y 527 están dedicados por sus autores. Hoy sus pertenencias ocupan una larga pared y se escabullen por múltiples estantes aledaños en el archivo de la institución, que también alberga otras colecciones.El espacio dedicado a Cortázar se expande ante cada novedad editorial o donación vinculada al autor. No solo se encuentran sus pertenencias, sino que están todas sus obras y ediciones raras, como la versión en japonés de Rayuela. «En su colección se reflejan sus amistades. Con los coetáneos, sobre todo, es evidente por la cantidad de volúmenes que tiene de unos y de otros. Estaba muy pendiente y al tanto de lo que iban publicando», sostiene Celia Martínez, bibliotecaria de la fundación.Entre los ejemplares que se ubicaban en los estantes del escritor «destacan la poesía, el humor y la fantasía», según Martínez. «Era una persona muy enciclopédica. La sensación que da es que le interesaba todo, porque encuentras temas muy diversos, autores muy variados». También está reflejada su admiración por Edgar Allan Poe, a quien leía desde pequeño y cuya obra en prosa tradujo al español. «En la lista de lecturas se pueden encontrar desde poemarios orientales a poetas ingleses como John Keats, a quien tradujo y dedicó un libro íntimo titulado Imagen de John Keats», señala la bibliotecaria.Cortázar era un lector activo: anotaba, subrayaba, cuestionaba el libro y dibujaba garabatos que solo él entendía. «Era muy objetivo en sus anotaciones. Aunque fueran sus amigos, en los libros hay una absoluta franqueza. Se dirige al escritor como si estuviera hablando con él», afirma Martínez. «Se nota mucha complicidad en la forma en la que se dirige a los autores. En múltiples ocasiones, escribe ‘ahí te equivocas’ o ‘me parece muy bien’. Se establece una comunicación», destaca.Parte de esta honestidad hacia sus amigos escritores se ve reflejada en una de las cartas, enviada a Carlos Fu
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