Laura Morales (Sevilla, 1986) tenía una sólida carrera como bailarina y coreógrafa cuando en 2023 sintió que todo lo construido hasta entonces se tambaleaba. De repente, ni las interminables jornadas de ensayos ni las horas invertidas en su preparación desde que era niña tenían sentido. “Me dio esa crisis de nada es suficiente: y ya no podía trabajar más, porque trabajo todos los días del año. En esa perdición, casi rendición, me apareció por Instagram un anuncio de una escuela de pastores”, rememora. Echó la solicitud con el objetivo de encontrar una alternativa alejada del mundo artístico. “No me iba mal, justo tenía varios estrenos importantes, pero no terminaba de tener un proyecto que me diera una calma profesional para todo el año”, reflexiona sobre aquella decisión, que tres años después se ha materializado en Ser pastora, un espectáculo nacido de “una búsqueda de sanación”, que se estrena los días 8, viernes, y 9 de mayo, sábado, en el Teatro Central de Sevilla.. Seguir leyendo
La sevillana Laura Morales vuelve a los escenarios tras un retiro para formarse como pastora con un espectáculo donde danza y trashumancia se funden
Laura Morales (Sevilla, 1986) tenía una sólida carrera como bailarina y coreógrafa cuando en 2023 sintió que todo lo construido hasta entonces se tambaleaba. De repente, ni las interminables jornadas de ensayos ni las horas invertidas en su preparación desde que era niña tenían sentido. “Me dio esa crisis de nada es suficiente: y ya no podía trabajar más, porque trabajo todos los días del año. En esa perdición, casi rendición, me apareció por Instagram un anuncio de una escuela de pastores”, rememora. Echó la solicitud con el objetivo de encontrar una alternativa alejada del mundo artístico. “No me iba mal, justo tenía varios estrenos importantes, pero no terminaba de tener un proyecto que me diera una calma profesional para todo el año”, reflexiona sobre aquella decisión, que tres años después se ha materializado en Ser pastora, un espectáculo nacido de “una búsqueda de sanación”, que se estrena los días 8, viernes, y 9 de mayo, sábado, en el Teatro Central de Sevilla.. Morales cumplirá en noviembre 40 años en plenitud física y mental, algo que también relaciona con su estado actual. Paradójicamente, tuvo que dejar de bailar para bailar como nunca: “Ahora sé que si no bailo, el campo me gusta y se me da bien. Eso me ha dado una calma”.. Durante cinco meses asistió a una formación teórica en Madrid en la Escuela de Pastores Campo Abierto, a la que seguirían tres semanas de prácticas con un rebaño ovino en Brieva de Cameros (La Rioja). En esa etapa tomó contacto con un lenguaje que nada tenía que ver con su universo anterior. “Noto que siempre habito en el futuro y el presente solo cuando estoy en escena. Pensaba que tener vínculo con los animales me iba a dar felicidad de antemano”, relata.. Y así fue. Recuerda con nitidez el primer día que se puso al frente del centenar de ovejas, acompañada por una tutora y otras dos mujeres, una gobernanta de hotel y otra abogada. “Me dijeron: Laura, hoy te toca a ti. Entonces, te pones en la puerta del corral y das un grito, una onomatopeya, y eso provoca que las ovejas reconozcan tu voz y te sigan durante ese día. Sentí que ese grito nos conectó. Era muy bonito pensar que tu trabajo era para que estuvieran bien, que tuvieran pasto, agua”. Aprendió a esquilarlas, las vacunó de la gripe, cuidó de ellas y estableció un vínculo especial con algunas, como Scherezade, que la seguía a todas partes. Pero como en la danza, no todo fue idílico. Morales abandonó antes de tiempo porque los animales no estaban en buenas condiciones y denunciaron su situación.. La realidad es que el de pastora —o pastor— es un oficio en extinción, a pesar de su relevancia. El Libro Blanco de la Trashumancia en España, editado en 2012 por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, destacaba la creación “en los últimos años de diversas escuelas de pastores en nuestro país, con el objetivo de mejorar el conocimiento técnico de los profesionales y de favorecer el relevo generacional”. Actualmente, hay una decena de escuelas en Andalucía, Canarias, Extremadura, Castilla-La Mancha, Cataluña, País Vasco, Madrid, Cantabria y Aragón. En Andalucía, el módulo de formación se compone de 330 horas de teoría y 240 de práctica. En sus 12 ediciones previas ha formado a un centenar de personas en este oficio.. Morales nunca pensó en trasladar aquel aprendizaje al escenario, hasta que recibió una propuesta para escribir un artículo en la revista del Centro Dramático Nacional (CDN). Ahí reparó en el paralelismo existente entre la danza y la vida ganadera: “Son profesiones idealizadas, hay una fascinación exterior por las dos, pero en realidad nadie sabe cómo vivimos. La gente en el campo está medio abandonada, en una lucha continua. Como en la danza, es prácticamente imposible sobrevivir. Hay esa conexión entre preciosismo y miseria”.. La bailarina Laura Morales, con un rebaño de ovejas, durante su formación como pastora.. La sevillana fue comprendiendo el calado de su propuesta conforme rellenaba convocatorias para optar a residencias artísticas que le permitieran completar el proceso creativo. El concepto de trashumancia emergió como nexo inevitable entre los dos ámbitos. Como los rebaños se mueven buscando pasto, ella buscó su “alimento artístico” por toda España. Desde noviembre de 2024 a enero pasado, ha realizado estancias en Valencia, Galicia, dos en Cataluña, otra en Ávila y en La Gomera, así como una residencia técnica en el Teatro Central de Sevilla antes del estreno este viernes, cuando el escenario se llenará de balas de paja y sonidos ancestrales, y hasta ella misma se convertirá en pastora y oveja.. Del mismo proyecto surgió una pieza adaptada, más breve, que ha mostrado en diferentes espacios, como el festival Dansa València, titulada La nueva bestia, en la quese permite incluso “pastorear al público”, guiándolo como su particular rebaño, explorando la parte más real de su experiencia en la montaña. También la mostrará en Brieva de Cameros, donde empezó todo.
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