La historia de Poco se habla empezó como empiezan algunas de las mejores ideas: sin plan, sin dinero y casi sin conocerse. Xuso Jones y Ana Brito estaban comiendo la segunda vez que se veían cuando descubrieron que ambos querían hacer un pódcast. La conexión fue inmediata. Tanto, que se metieron en una sala, grabaron un vídeo y se ofrecieron a posibles patrocinadores convencidos -o fingiendo estarlo- de que aquello iba a ser un éxito. No apareció ninguno.
Los dos creadores recuerdan cómo levantaron de su bolsillo Poco se habla, reivindican su libertad frente al ruido de las redes y desvelan el secreto de una complicidad que ha convertido el programa en un fenómeno
La historia de Poco se habla empezó como empiezan algunas de las mejores ideas: sin plan, sin dinero y casi sin conocerse. Xuso Jones y Ana Brito estaban comiendo la segunda vez que se veían cuando descubrieron que ambos querían hacer un pódcast. La conexión fue inmediata. Tanto, que se metieron en una sala, grabaron un vídeo y se ofrecieron a posibles patrocinadores convencidos -o fingiendo estarlo- de que aquello iba a ser un éxito. No apareció ninguno.. Así que pagaron ellos.. Varias temporadas después, aquel salto al vacío se ha convertido en uno de los videopódcasts más populares de España, con millones de seguidores entre las distintas plataformas y redes sociales. «Hicimos match desde el minuto uno», recuerda Brito. Lo que ocurrió después tuvo bastante menos de estrategia de la que ahora podría parecer. Se autoprodujeron, fueron creciendo y terminaron demostrando que aquella exagerada promesa del primer vídeo no era tan disparatada.. Ni siquiera ellos saben explicar del todo el secreto. Jones lo reduce a algo aparentemente sencillo: se lo pasan bien. Poco se habla nació además con una regla que han intentado mantener: ofrecer una hora de evasión en medio del ruido. «Intentamos que sea un pódcast de buen rollo, donde no se traten temas políticos ni asuntos propios de los informativos. Para eso ya están las noticias».. Brito cree que existe otro ingrediente difícil de fabricar: ellos son amigos de verdad. Se quieren, se divierten juntos y la relación continúa cuando se apagan las cámaras. También las bromas. Las caras de ella ante los chistes de Jones se han convertido en una de las señas del programa y asegura que no hay personaje alguno detrás. Fuera del estudio ocurre exactamente lo mismo. Él empieza a reírse antes de contar el chiste; ella le mira sin entender absolutamente nada y promete que esta vez no caerá. Y acaba riéndose.. La popularidad de esas reacciones ha llegado a provocar situaciones bastante surrealistas: hay desconocidos que se acercan a Brito, le cuentan un chiste y esperan delante de ella la famosa cara del pódcast.. «Yo soy bastante más kamikaze que Xuso. Digo lo que pienso y me da igual». Ana Brito. Donde las diferencias entre ambos aparecen con mayor claridad es cuando toca opinar. «Yo soy bastante más kamikaze que Xuso. Digo lo que pienso y me da igual», reconoce ella. Jones admite que es más prudente y evita entrar en conflictos innecesarios. Precisamente ese contraste se ha convertido también en parte de la personalidad de Poco se habla: dos maneras diferentes de enfrentarse a una conversación sin necesidad de convertir la discrepancia en una batalla.. Xuso Jones disfruta recibiendo a personas con ideas distintas a las suyas. Se define como una «esponja» y reivindica la posibilidad de escuchar para aprender. El problema aparece cuando una conversación de una hora termina convertida en unos segundos circulando por las redes sociales. Brito reconoce que buena parte de las polémicas nacen precisamente ahí: en fragmentos que viajan solos, despojados del tono, de lo que ocurrió antes y de lo que se explicó después.. Ella sí percibe que existe cada vez más miedo a decir determinadas cosas. «Hay cosas que ya no se pueden decir», asegura, aunque su filosofía consiste en conceder a muchas polémicas bastante menos trascendencia. Si escucha una opinión que no comparte, continúa con su vida. «No entiendo muchas de las polémicas que se generan por comentarios que, sinceramente, me importan muy poco».. Jones discrepa. No cree que vivamos una época especialmente mojigata, sino una época en la que escuchamos absolutamente a todo el mundo. Antes de las redes sociales, recuerda, no existía esa exposición permanente a las opiniones de desconocidos. Ahora cualquiera puede pronunciarse públicamente y, sobre todo, cualquiera puede recibir esas opiniones a todas horas.. «Tendemos a dar demasiado peso a opiniones de personas que no conocemos y que muchas veces no tienen conocimientos sobre el tema del que hablan». Xuso Jones. «Tendemos a dar demasiado peso a opiniones de personas que no conocemos y que muchas veces no tienen conocimientos sobre el tema del que hablan», sostiene. Su apuesta es que llegará un momento en que terminaremos acostumbrándonos al ruido y dejará de afectarnos tanto.. Brito comparte al menos una parte de ese diagnóstico: asumir que todo el mundo tiene derecho a opinar implica aceptar también que es imposible gustar a todos. La única frontera que ambos sitúan está en el daño gratuito y los ataques personales.. Esa voluntad de mantenerse alejados de determinadas trincheras explica también por qué la política no entra en sus planes. Jones no cierra la puerta a nadie de manera tajante, aunque reconoce que probablemente evitaría a determinados políticos. No por animadversión, sino porque considera que ya disponen de suficientes espacios para expresarse y Poco se habla pretende jugar en otro terreno.. La lista de invitados soñados, en cambio, es considerable. Ana Brito tiene una obsesión: Iker Jiménez. Lleva tiempo intentando convencerle. Ha hablado incluso con Carmen Porter, pero no hay manera. «Sigue poniéndome excusas», lamenta entre risas. Xuso Jones apunta bastante más alto geográficamente: Chris Hemsworth, Antonio Banderas, Pedro Almodóvar y, por encima de todos, Penélope Cruz. Brito añade a Rosalía y Shakira.. Que ahora puedan fantasear con esos nombres no les hace olvidar cómo empezó todo. Ninguno da por sentado el éxito de Poco se habla. Brito cree, de hecho, que mantenerse puede resultar todavía más complicado que llegar. Tienen una audiencia fiel, un patrocinador estable y un equipo que ronda las 20 personas entre producción, guion, logística, cámaras, sonido, iluminación, realización y edición. El pódcast hace tiempo que dejó de ser simplemente dos amigos sentados ante dos micrófonos.. También conocen la parte menos romántica del negocio. Por eso, cuando alguien les pregunta qué consejo darían a quienes quieren crear ahora su propio pódcast, Jones responde sin demasiados rodeos: «Que sean auténticos y disfruten. Y, sobre todo, que no lo hagan por dinero».. Ellos tardaron tres temporadas en conseguir que Poco se habla fuera rentable. Hasta entonces pagaron el proyecto de su bolsillo. «Lo hacíamos porque nos apetecía y porque queríamos apostar por nosotros mismos», recuerda Brito. Su consejo es empezar por pasión y no pensando en una cuenta de resultados que quizá nunca llegue. Si aparece el dinero, mejor que sea una consecuencia.. Porque detrás de los millones de reproducciones, los invitados y los clips virales permanece aquella primera comida entre dos personas que apenas se conocían. Hoy a Ana Brito la paran por la calle y la reconocen como «la que no se ríe de los chistes». A Xuso Jones le cuentan que les acompaña cada mañana camino del trabajo. Quizá ahí esté la explicación que ninguno consigue encontrar cuando les preguntan por qué funciona Poco se habla: ellos empezaron buscando un patrocinador y acabaron encontrando algo bastante más difícil de fabricar, una complicidad que el público se creyó porque, sencillamente, era verdad.
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