Susana Koska recupera en ‘Las consecuencias’, a partir de las cartas de Martina Lera, educadora, su historia familiar con Ángel María Lera, celebridad literaria en la década de los 60 y los primeros 70 Leer
Susana Koska recupera en ‘Las consecuencias’, a partir de las cartas de Martina Lera, educadora, su historia familiar con Ángel María Lera, celebridad literaria en la década de los 60 y los primeros 70 Leer
«Dichosa de mí, pues he encontrado al que me ama! Al fin te hallé querido mío, y tus caricias son para mí un torrente de delicias que no es posible explicar. Siento que me anegas. Hoy lo sé, eres, amado mío, el encanto de mi alma».. Las consecuencias, de Susana Koska ( Pepitas), es un libro insólito que incluye líneas sacadas de otro tiempo como las del párrafo anterior. En ellas, los amantes no son una pareja de enamorados sino una novicia y Jesús. ¿Qué es Las consecuencias? Es un poco de novela, un poco de lírica mística, un poco de libro de memoria e historia sobre la Guerra Civil y un poco de biografía intelectual de la posguerra. En la primera mitad del libro, Koska toma la historia de Martina Lera, una novicia de Laguardia, en Álava, que deja el convento porque su familia la necesita. Se convierte en profesora durante la República y vive el golpe de Estado de 1936 como la llegada de un ejército de ángeles a un mundo de tinieblas. Se entrega a la caridad y a la educación. Vive en Cristo. Escribe cartas que parecen cosa de Teresa de Ávila. Se acuerda de su compañera predilecta en el convento, Casilda, cuyo amor fraternal había sido tan intenso que provocó la incomodidad de sus superioras. Y piensa en Ángel, su sobrino republicano, en la cárcel después de la Guerra, humillado y obligado a empezar con nada.. «Y estando caliente el cuerpo de mi hermano, fue cuando mi padre me hizo saber de la mejor manera posible, pero firme e impenetrable, que lo mejor para mí y para todos era que yo dejara el convento. […] Que yo sé que a padre le vencen las preocupaciones y que mi hermana queridísima no puede con toda la labor con la que carga. Pero fue tan tajante, Casilda querida. Yo, que no veía momento de volver con las hermanas, en un visto y no visto me vi fuera de nuestra casa sagrada y me di de bruces con la realidad aterradora».. Las frases entrecomilladas son frases que Susana Koska adaptó para Las consecuencias a partir de las cartas de Martina Lera, la profesora falangista de Laguardia. Koska, cineasta e investigadora del exilio interior republicano, cuenta que se encontró por casualidad con Lera en una caja de zapatos perdida en un archivo con la palabra escuela.. «Yo esperaba encontrarme con una profesora republicana. Es a lo que me he dedicado, a la guerra y sus consecuencias vistas desde ese lado. Mi educación no fue religiosa, trabajé durante 20 años con mujeres republicanas. En el fondo, el lado de los que ganaron me parecía el de los malos, sobre todo por la manera tan fea que tuvo esa victoria», cuenta Koska. «Y, entonces, encuentro a esta mujer con un sentido de la mística que me hace ir a sitios a los que no había ido nunca. Pensé durante medio segundo si era una historia para mí. Creo que sí, Martina fue una mujer en busca de su camino».. El mundo de Martina es el de los requetés, el del nacionalismo católico, tan exaltado que hoy parece romántico, una versión cristiana del chiísmo. Martina participa de él. Es especial porque se entrega con inocencia a su sistema de valores. «Es una mujer que no elige su destino, hace lo que le dicen antes y después de la guerra. Ve al convento, sal del convento. Nadie le deja elegir. Pero tiene una sensibilidad tremenda. Sabe escribir, sabe contarse. Con 18 años refleja a Santa Teresita del Niño Jesús. Luego encuentra su manera de hablar. Guarda todo. Las cartas de su sobrino, las notas, las estampas… Entra en la Sección Femenina y adopta su sentido del deber. Pero lo hace como una persona de pueblo, relativamente ajena a la ideología. Lo que le importa es la caridad. Ser obediente y abnegada».. En el retrato de Martina solo hay una grieta: el sobrino republicano. «Martina fue un fogonazo que me llevó fuera de mis caminos. Pensé: bueno, con ella sacaré un librito sobre una monja, un librito de una mujer sobre otra mujer. Entonces, descubrí que el sobrino era Ángel María de Lera y la historia cambió por completo», cuenta Koska.. Ángel María de Lera es un nombre más o menos olvidado en la literatura española, pero fue, durante al menos 15 años, una celebridad. Ganó el Planeta, dirigió el suplemento cultural de ABC, escribió guiones, organizó premios literarios y fue invitado a hablar en el Congreso. Fue uno de esos novelistas de los años 60 y 70 que se quedaron antiguos con la irrupción de la generación de los Marías y Muñoz Molina. «Tiene novelas mejores y peores. pero es un escritor disfrutable. A mí me fascina porque fue, en el franquismo, el primer escritor que trató a los derrotados, en 1966».. De Lera era hijo de un médico rural. Estudió Derecho en Granada, se vinculó a Ángel Pestaña y el Partido Sindicalista ( escisión de la CNT), fue comandante del Ejército de la II República, fue detenido por las tropas de Negrín y decidió quedarse en Madrid cuando entraron los soldados de Franco. Condenado a muerte e indultado parcialmente, estuvo en la cárcel hasta 1947. Tenía 35 años y se empleó de peón. Al cabo de dos décadas, fue el primer escritor de la derrota en la España victoriosa.. ¿Cómo se explica su éxito? «Lara [fundador de Planeta] fue un señor muy listo. Tuvo oído, escuchó lo que decía Lera y lo entendió. Lera estaba inventando el género de la memoria republicana, que no existía en España. La gente estaba asfixiada y España necesitaba hacer espacio a los otros, que eran muchos. Lara entendió a Lera y entendió el momento. Fue muy avispado. Vendió decenas de ediciones», explica Koska.. Ángel María de Lera, además, fue el sobrino republicano de aquella profesora de Laguardia, que se angustió por verlo del otro lado, por saberlo encarcelado y pobre. Las consecuencias hila sus dos historias como una manera nueva de contar el trauma de la guerra: la de una «familia que se rompe y a través del amor se vuelve a coser».. ¿Algo más? Sí: entre Ángel y Martina hay un personaje cáustico que deshace el riesgo de la complacencia. Es una antigua alumna de Martina, una niña miserable que rechaza la caridad y el paternalismo, que se va a Barcelona, entra en la clandestinidad y le dice «me das asco con tu caridad». Quizá no tenga toda la razón, pero debe aparecer en las páginas de Las consecuencias.
Literatura // elmundo
