En este ensayo novedoso y erudito la profesora e investigadora Valeria Grancini rescata, a través de textos de Lorca, Unamuno o Bécquer, este subgénero literario olvidado que recogió durante más de un siglo las travesías de multitud de escritores enmarcados entre el romanticismo y las vanguardias Leer
En este ensayo novedoso y erudito la profesora e investigadora Valeria Grancini rescata, a través de textos de Lorca, Unamuno o Bécquer, este subgénero literario olvidado que recogió durante más de un siglo las travesías de multitud de escritores enmarcados entre el romanticismo y las vanguardias Leer
«Ya te contaré mis impresiones», puede que nos dijera, no hace mucho, alguien dispuesto a salir de viaje. En estos días de regreso, no será raro encontrar a quien nos relate en algún momento, oportuno o no, y quizá con excesivo esmero y detalle, todas sus andanzas viajeras y veraniegas. Es posible, en todo caso, que la expresión haya perdido cierto vigor hoy, cuando viajar se ha convertido en un renglón más de la checklist y se espera que las publicaciones en redes sociales sean las encargadas de comunicar en vivo cada impresión de la (por supuesto) feliz experiencia.. Aunque los cauces sean diferentes, no es un fenómeno nuevo. Desde el siglo XIX, como demuestra magistralmente la profesora e investigadora Valeria Grancini, podemos hablar de un subgénero de la literatura de viajes, por lo común desatendido, pero que fue una notoria moda literaria hasta los años cuarenta del siglo XX y que, como vestigio de ello, permanece hoy todavía en nuestro imaginario: son las «impresiones de viaje».. Editorial: Prensas de la Universidad de Zaragoza.. Año de publicación: 2026. Disponible en PUZ: aquí.. Ebook: aquí.. Con base en teorías filosóficas, literarias y pictóricas variadas (con especial atención a los complejos conceptos de lo sublime y lo pintoresco), las impresiones de viaje se diferencian de cualquier otro género en la pincelada suelta -aunque no debe confundirse con el movimiento artístico del Impresionismo, si bien coincidan en algunos puntos- y en la escritura a vuelapluma que surge a raíz de una sensación súbita, primeriza y sorpresiva, que lleva a la impresión, precisamente.. Para hablar de impresiones de viaje debe consignarse una transformación, un movimiento interior ante lo exterior. Al contemplar un paisaje, un conjunto arquitectónico o unas ruinas, en especial, la subjetividad se intensifica y las vivencias emocionales llevan a la reflexión trascendental: dónde están y dónde estaré yo; el ubi sunt de «manriqueña memoria», en palabras de la autora. Los paisajes españoles decimonónicos, de naturaleza portentosa y afectados por los estragos de los conflictos bélicos y el abandono, ofrecieron durante décadas un espacio privilegiado para los viajeros románticos que se olvidaron del viaje ilustrado, de carácter erudito, y buscaron, sobre todas las cosas, la emoción.. Como consecuencia de esto, es indudable la existencia de ejemplos narrativos de primer orden en nuestro panorama literario. Gustavo Adolfo Bécquer, Miguel de Unamuno y Federico García Lorca, de cuyas impresiones de viaje se ocupa extensamente Grancini en la segunda parte del libro, son casos sobresalientes y conocidos, pero no los únicos. Para demostrarlo, la revisión de la prensa decimonónica en busca de otras muestras, hoy prácticamente olvidadas, es un trabajo que, aunque ineludible, también es arduo, y que debiéramos agradecer.. La profesora e investigadora Valeria Grancini.. Además, el culmen del desarrollo del subgénero, en la segunda mitad del siglo XIX, coincide con uno de los momentos de auge del periodismo y la obra de Grancini rescata obras de importancia que se publicaron de forma periódica, en la actualidad apenas conocidas y por tanto ni leídas ni apreciadas. En ese sentido, si bien la investigadora es generosa en citas literales, no restaría al conjunto el apoyo de una antología que pudiera traer a los lectores actuales una selección de textos completos. El interés, qué duda cabe, podría alcanzar no solo al ámbito académico y universitario, sino también al público general dispuesto a emprender, metafóricamente o no, los viajes relatados.. A partir de los primeros años del siglo XX, con la mejora de la industria y la modernización en los transportes, surge una nueva manera de viajar. El paisaje también ha cambiado y los escritores se esmeran en retratar a la sociedad contemporánea.. Es el momento de los «paisajes del alma» de Unamuno, de la influencia de Krause y la Institución Libre de Enseñanza, de las excursiones universitarias de Lorca junto a su profesor, el catedrático Martín Domínguez Berrueta, que le llevaron a componer su primer libro, Impresiones y paisajes, infravalorado por no situarse en el marco literario adecuado (esto es, las impresiones, aun en sus últimos brotes románticos). Así pues, de viaje en viaje, desde mitad del siglo XIX llegamos hasta las puertas mismas del vanguardismo de la mano de una forma literaria hoy merecidamente rescatada.
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