Anoche la televisión se convirtió, sin haberlo planeado del todo, en un espejo partido en dos. En una pantalla, Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, sentado frente a Pablo Motos en El Hormiguero. En otra, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, frente a Sandra Sabatés y El Gran Wyoming en El Intermedio. Dos presidentes, dos programas, dos cadenas del mismo grupo, una misma crisis y dos relatos que parecían proceder de dos Ceutas diferentes o, mejor dicho, de dos historias diferentes. El poder del relato.
El presidente de Ceuta convirtió El Hormiguero en un alegato emocional contra la gestión del Gobierno mientras Pedro Sánchez defendía en El Intermedio su actuación, su relación con Marruecos y prometía estabilizar la crisis antes de final de año
Anoche la televisión se convirtió, sin haberlo planeado del todo, en un espejo partido en dos. En una pantalla, Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, sentado frente a Pablo Motos en El Hormiguero. En otra, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, frente a Sandra Sabatés y El Gran Wyoming en El Intermedio. Dos presidentes, dos programas, dos cadenas del mismo grupo, una misma crisis y dos relatos que parecían proceder de dos Ceutas diferentes o, mejor dicho, de dos historias diferentes. El poder del relato.. En Antena 3 estaba la Ceuta que siente que la han dejado sola. En laSexta estaba la Ceuta que, según el Gobierno, está siendo atendida con todos los mecanismos del Estado. En una pantalla había emoción, reproches, dolor y hasta lágrimas contenidas. En la otra había datos, fases, explicaciones, inversiones, procedimientos administrativos y horizonte electoral. Vivas hablaba desde las tripas; Sánchez, desde el BOE. Y la televisión hizo el resto.. Porque si algo demostró el duelo televisivo de anoche es que en televisión no sólo importa lo que se cuenta. Importa, y mucho, cómo se cuenta.. A Juan Vivas le recibió el público de El Hormiguero al grito de «¡Ceuta, Ceuta!». Él quiso corregir inmediatamente la interpretación: «Lo verdaderamente importante es que la gente está con Ceuta, y estar con Ceuta es estar con España. Yo soy un mero instrumento». La entrevista todavía no había empezado y ya estaba establecido el terreno de juego. Aquello no iba a ser una entrevista política al uso. Iba a ser el altavoz de una ciudad.. «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende y Ceuta es España hasta la médula», proclamó.. Y Pablo Motos asumió desde el comienzo cuál iba a ser su papel. No tanto el del entrevistador que trata de desmontar las respuestas de su invitado como el del soporte sobre el que Vivas podía levantar su relato. Motos fue apoyo, acompañamiento y, por momentos, adalid televisivo de la causa ceutí. El propio programa había anunciado la noche casi con una frontera insólita entre sus dos invitados: primero Vivas para hablar de Ceuta; después, «risas con Leo Harlem».. No había muchas risas posibles mientras estuvo Vivas.. Pablo Motos y Juan Jesús Vivas, en El Hormiguero.ATRESMEDIA. El presidente ceutí llevaba más de 40 días acumulando demasiadas cosas y anoche las soltó prácticamente todas. «Indolencia», «irresponsabilidad» e «intento de no molestar a Marruecos». Ésas fueron las tres razones con las que explicó por qué, a su juicio, la frontera no estuvo preparada. Aseguró que el Gobierno «no ha estado a la altura», que no atendió las alertas, que no escuchó los avisos y que la entrada masiva «se podría haber evitado» si se hubieran puesto en marcha «todas las capacidades del Estado».. Mientras Vivas señalaba en Antena 3, Sánchez explicaba en laSexta.. Ésa fue probablemente la imagen televisiva más reveladora de la noche. El presidente del Gobierno reconstruyó la crisis casi como quien despliega un PowerPoint invisible. Primero, la sentencia del Supremo del 8 de julio. Después, el incremento de llegadas previo al 30 y 31. Luego, la avalancha. Después, la reacción de Marruecos. Luego, las devoluciones. Después, las plazas de acogida. Y finalmente, la inversión y la cooperación con Rabat. Cuatro fases, tres dimensiones, cifras, plazos y procedimientos.. Según explicó Sánchez, los servicios de inteligencia sí detectaron movimientos, pero nunca una llegada «en la dimensión» que finalmente se produjo; defendió además que los mensajes conocidos no demostraban que el Gobierno hubiera recibido una alerta de la magnitud de lo que iba a suceder.. Era el Pedro Sánchez más institucional. Y también, conforme avanzó la entrevista, el Pedro Sánchez más electoral. El problema no es en los datos, sino en que, igual, era el momento de quitarse la coraza y el traje de presidente, y ponerse el de la emoción. No hablo de populismo, hablo de cercanía.. Ahí estuvo una de las grandes diferencias entre ambos programas. El Hormiguero construyó una entrevista emocional. El Intermedio, una entrevista política. Y aunque el programa de Wyoming intentó introducir su ADN humorístico, la crisis de Ceuta se resistía a cualquier chiste. Wyoming acabó cediendo buena parte del peso de las preguntas a Sandra Sabatés, mientras él ejercía de contrapunto, intentaba destensar y colocaba alguna de sus habituales cargas irónicas. Pero hay noches en las que ni siquiera El Intermedio puede ser del todo El Intermedio.. Pedro Sánchez, en El Intermedio.ATRESMEDIA. La pregunta más incómoda para Sánchez, de hecho, ni siquiera salió de la mesa. La formuló Antonio, un vecino de Ceuta: «¿Qué te pasa, que estás acojonado con el Gobierno vecino?». Era difícil fabricar desde un plató una pregunta que condensara mejor una parte del sentir de la ciudad.. Sánchez no se movió un milímetro de su discurso. Reivindicó una relación «positiva» con Marruecos porque, argumentó, es precisamente Marruecos quien debe aceptar el retorno de buena parte de quienes entraron en Ceuta. Romper relaciones, vino a decir, no solucionaría el problema sino que lo enquistaría. Y negó tajantemente que el espionaje con Pegasus esté condicionando su política hacia Rabat. Más aún: aseguró que el Gobierno responderá «de manera contundente» si se demuestra que el régimen marroquí estuvo detrás de los acontecimientos del 30 y 31 de julio, pero sostuvo que a día de hoy no existe información sólida que permita atribuirle esa autoría.. Mientras tanto, en Antena 3, Vivas estaba diciendo prácticamente lo contrario.. «No hay quien lo entienda», afirmó sobre la relación del Gobierno con Marruecos. Habló de una «extraordinaria sumisión» y llegó a preguntarse cómo España puede organizar un Mundial con «un país que acaba de cometer una invasión contra nosotros». Para él no había dudas: «Marruecos no es un país fiable».. Dos televisiones. Dos diagnósticos.. Y entonces apareció la distancia más brutal de la noche. Vivas reveló que no ha vuelto a hablar con Pedro Sánchez desde los primeros días de la crisis. En cambio, aseguró haber hablado cuatro veces con Felipe VI, tres por teléfono y una personalmente durante el encuentro que ambos mantuvieron en Marivent. «No conozco ninguna autoridad del Estado que esté más interesada por lo que pasa en Ceuta que Su Majestad el Rey», aseguró.. Era una declaración política, sí. Pero televisivamente era mucho más. Porque mientras Sánchez hablaba en laSexta del esfuerzo del Estado en Ceuta y del apoyo del Gobierno a Ceuta, en Antena 3 el presidente de Ceuta contaba que el jefe del Gobierno no le llamaba y el jefe del Estado sí.. Y ahí estaba resumido el abismo.. Sánchez reivindicó que el Ejecutivo ha pasado de unas 500 plazas para migrantes antes de la crisis a más de 6.000 y pretende acercarse a las 10.000; habló de inversiones, de acelerar expedientes y de un plan extraordinario de más de 300 millones de euros. Su previsión es que la situación pueda estar estabilizada antes de que termine el año.. Vivas habló de una «olla a presión que en cualquier momento puede estallar».. Uno daba cifras. El otro daba miedo.. Uno pedía paciencia. El otro decía que ya no quedaba paciencia.. Uno defendía que la cooperación con Marruecos es imprescindible. El otro acusaba a Marruecos de haber provocado una invasión.. Uno aseguraba que el Estado está poniendo «toda la maquinaria» para resolver la crisis. El otro describía cómo desde Moncloa, según su relato, llegaron a pedirles que dejaran de insistir con sus llamadas porque «todo estaba bajo control».. Y Sánchez tampoco esquivó a Vivas. El presidente aseguró haber percibido un cambio respecto a la crisis de 2021, cuando, según él, ambos gobiernos trabajaron «codo con codo». Ahora atribuyó las diferencias a un interés de PP y Vox por utilizar Ceuta para «desgastar al Gobierno».. Pero la entrevista de El Intermedio fue alejándose poco a poco de Ceuta y entrando en campaña electoral. Llegaron los tribunales, su hermano David Sánchez, Begoña Gómez, el juez Peinado, los Presupuestos, Zapatero, la vivienda… Y apareció entonces el Sánchez candidato.. «Los progresistas volveremos a ganar las elecciones en 2027. Estoy convencido de ello», proclamó. Aseguró que su intención es agotar la legislatura y permanecer en La Moncloa «hasta el último día».. Mientras uno miraba a 2027, el otro seguía anclado en el 31 de julio. Ésa fue la televisión de anoche.. No hubo realmente un vencedor -ahora se verán las audiencias- porque ni siquiera estaban jugando al mismo juego. Pedro Sánchez acudió a El Intermedio a explicar, justificar, ordenar el relato y, llegado el momento, lanzar el mensaje de que está preparado para la batalla electoral. Juan Vivas acudió a El Hormiguero a gritar que Ceuta sigue esperando.. Y si había alguna posibilidad de que Vivas rebajara el tono al final, sucedió exactamente lo contrario. Su despedida fue un alegato a Ceuta y a España. El presidente, visiblemente emocionado, convirtió los últimos minutos en algo parecido a un discurso de resistencia. El público respondió en pie y Pablo Motos quedó también tocado por la emoción.. Antes había dejado una frase mucho más devastadora políticamente: «Los antecedentes inhabilitan la posibilidad de que yo confíe en Pedro Sánchez para defender Ceuta y los antecedentes inhabilitan la posibilidad de que yo confíe en Pedro Sánchez para defender España».. A pocos kilómetros televisivos de distancia, Sánchez insistía en que defiende el interés general «de Ceuta y de España».. No se podía escribir mejor el guion.. Ni siquiera hacía falta enfrentarles en un mismo plató. Anoche la televisión colocó a Pedro Sánchez y a Juan Vivas frente a frente sin que se vieran las caras. Y entre El Hormiguero y El Intermedio, entre la emoción de uno y las explicaciones del otro, quedó Ceuta.. La misma Ceuta.. O, después de ver ambas entrevistas, quizá dos.
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