Se retiró del fútbol a los 31 años, así que, más que un futbolista que se dedica a la actuación, podríamos decir que Éric Cantona (Marsella, 60 años) es un actor que un día fue futbolista. Tras más de tres décadas de carrera actoral a sus espaldas no deja de sumar títulos: presentó tres trabajos en el último festival de Cannes —un documental sobre su figura (Cantona), una película (Las mañanas maravillosas) y un cortometraje (The Sentinel)— y acaba de estrenarse en Cosmo El viajero, una serie protagonizada por él. Dijo adiós a los estadios a una edad en la que un futbolista todavía está en plena forma, pero este francés nada convencional lo tuvo claro a pesar de las ofertas millonarias para continuar en activo. “Cuando me retiré, sentí que ya no podía mejorar más. Y al mismo tiempo perdí la pasión. La pasión viene con la motivación de mejorar. Si pierdes la pasión, pierdes la motivación”, sentenció. Seguir leyendo
Se retiró del fútbol a los 31 años, así que, más que un futbolista que se dedica a la actuación, podríamos decir que Éric Cantona (Marsella, 60 años) es un actor que un día fue futbolista. Tras más de tres décadas de carrera actoral a sus espaldas no deja de sumar títulos: presentó tres trabajos en el último festival de Cannes —un documental sobre su figura (Cantona), una película (Las mañanas maravillosas) y un cortometraje (The Sentinel)— y acaba de estrenarse en Cosmo El viajero, una serie protagonizada por él. Dijo adiós a los estadios a una edad en la que un futbolista todavía está en plena forma, pero este francés nada convencional lo tuvo claro a pesar de las ofertas millonarias para continuar en activo. “Cuando me retiré, sentí que ya no podía mejorar más. Y al mismo tiempo perdí la pasión. La pasión viene con la motivación de mejorar. Si pierdes la pasión, pierdes la motivación”, sentenció. Seguir leyendo
Se retiró del fútbol a los 31 años, así que, más que un futbolista que se dedica a la actuación, podríamos decir que Éric Cantona (Marsella, 60 años) es un actor que un día fue futbolista. Tras más de tres décadas de carrera actoral a sus espaldas no deja de sumar títulos: presentó tres trabajos en el último festival de Cannes —un documental sobre su figura (Cantona), una película (Las mañanas maravillosas) y un cortometraje (The Sentinel)— y acaba de estrenarse en Cosmo El viajero, una serie protagonizada por él. Dijo adiós a los estadios a una edad en la que un futbolista todavía está en plena forma, pero este francés nada convencional lo tuvo claro a pesar de las ofertas millonarias para continuar en activo. “Cuando me retiré, sentí que ya no podía mejorar más. Y al mismo tiempo perdí la pasión. La pasión viene con la motivación de mejorar. Si pierdes la pasión, pierdes la motivación”, sentenció. Dejó tras de sí una carrera que incluye cuatro títulos de la Premier League con el Manchester United y una liga francesa con el Marsella. Pero su mayor legado futbolístico es su actitud, su figura inimitable, siempre con la espalda recta, alerta, con el pecho hinchado y los cuellos de la camiseta levantados, una aportación que The New York Times incluyó entre los treinta elementos más icónicos de la Premier League. “¿Cuál es la definición de arrogancia?”, se preguntaban. “¿Cómo se definiría la arrogancia en términos de objetos? ¿Un sombrero de copa? ¿Un abrigo de piel y una corona? Creemos que es un cuello levantado. Concretamente, el cuello levantado de Eric Cantona”. Él no le da tanta importancia. “Me puse la camiseta. Hacía frío. El cuello se mantuvo levantado, así que lo dejé así. Ganamos, así que se convirtió en una costumbre jugar con el cuello levantado”. Siempre fue más que un futbolista un personaje. Un tipo que adora a Rimbaud y el fauvismo, un hombre solitario que prefiere una vida tranquila en el campo a los lujos que rodean a la mayoría de las estrellas del balón. “El dinero no ha cambiado mi vida”, declaró en la cima de su estrellato en Manchester, “y nunca la cambiará. Quizás les parezca extraño que piense que la felicidad no proviene de poder comprar el coche que uno desea o de tener dinero en una cuenta bancaria. No lo creo. Todo es cuestión de educación”. Éric Cantona rodeado de periodistas en París en 1988.William STEVENS (Gamma-Rapho via Getty Images)Hablando de coches: tuvo un Rolls-Royce Corniche que donó en 2013 en beneficio de las personas sin hogar y tras ser tuneado por el grafitero JonONe alcanzó un precio de 113.000 euros. Son detalles que sorprenderán a quienes solo lo conozcan por un gesto que marcó su carrera hace tres décadas. Su legendaria patada voladora a un hincha del Crystal Palace en 1995 después de que le gritase: “¡Vete a tu país, hijo de puta francés!”. En ese momento Cantona se dirigía al túnel de ve
EL PAÍS
