Los clubes de carretera forman parte del paisaje español desde hace décadas. Están ahí, a la vista de todos, junto a autovías y carreteras secundarias, convertidos casi en un elemento más del mobiliario de un país que durante demasiado tiempo ha preferido no preguntarse qué sucede detrás de sus puertas. Quiénes son las mujeres que trabajan allí, cómo llegaron, quién controla el negocio o cuánto dinero mueve una industria que se alimenta de la explotación sexual. El Castillo, la nueva serie de Movistar Plus+ protagonizada por Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Valentina Vidal, se adentra precisamente en aquello que durante años permaneció oculto a plena vista: el entramado criminal de la trata de mujeres.
Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Valentina Vidal protagonizan El Castillo, una serie sobre las redes de trata de mujeres que marcó a sus intérpretes: «Pensaba que la situación habría mejorado, pero me dijeron que estaba peor que nunca»
Los clubes de carretera forman parte del paisaje español desde hace décadas. Están ahí, a la vista de todos, junto a autovías y carreteras secundarias, convertidos casi en un elemento más del mobiliario de un país que durante demasiado tiempo ha preferido no preguntarse qué sucede detrás de sus puertas. Quiénes son las mujeres que trabajan allí, cómo llegaron, quién controla el negocio o cuánto dinero mueve una industria que se alimenta de la explotación sexual. El Castillo, la nueva serie de Movistar Plus+ protagonizada por Raúl Arévalo, Omar Ayuso y Valentina Vidal, se adentra precisamente en aquello que durante años permaneció oculto a plena vista: el entramado criminal de la trata de mujeres.. Ambientada entre finales de los años 90 y principios de los 2000, la ficción reconstruye el funcionamiento de las redes de explotación sexual desde tres perspectivas que terminan entrelazándose: la de quienes hacen negocio con las mujeres, la de los policías que intentan desmantelar esas organizaciones y, sobre todo, la de las víctimas. Tres mundos aparentemente separados que forman parte de una misma maquinaria.. «Esta serie retrata cómo funciona el sistema de la trata y la compra y venta de mujeres», explica Valentina Vidal, que interpreta a Claudia, una joven colombiana de apenas 18 años que llega a España dejando atrás a su hijo pequeño. Necesita dinero para pagarle un tratamiento médico y acepta una oferta de trabajo que promete ser la solución a sus problemas. Lo que encuentra al llegar es una realidad completamente distinta: una red de explotación sexual de la que no resulta sencillo escapar.. Su historia representa la de tantas mujeres captadas en sus países de origen mediante falsas promesas. «Gestionar toda la carga emocional ha sido difícil», reconoce la actriz, para quien el proyecto ha supuesto también un cambio en su manera de mirar el mundo. «Ahora los clubes de carretera son mucho más evidentes. Había cosas que estaban naturalizadas dentro del paisaje y que ahora ya no pasan desapercibidas».. Al otro lado del negocio se encuentra Suizo, el personaje al que da vida Raúl Arévalo. Un proxeneta propietario de varios clubes de carretera, con negocios y socios que le permiten sostener una estructura dedicada a la explotación de mujeres llegadas de distintos países. Arévalo prefiere no desvelar demasiado sobre su personaje, pero sí sobre lo que ha significado interpretarlo.. Escena de El Castillo, la nueva serie de Movistar Plus+.MOVISTAR PLUS+. «Contar este tema ha sido duro», admite. Y no únicamente por la crudeza de la historia, sino por enfrentarse a una realidad que, a su juicio, demasiadas veces ha recibido un tratamiento equivocado en la ficción. «Se ha hablado mucho de prostitución o de proxenetismo y muchas veces se ha romantizado. A día de hoy, y más después de haber hecho esta serie, eso me parece horrible». De ahí que valore especialmente que El Castillo renuncie a cualquier idealización del negocio y muestre la violencia y los mecanismos de explotación que lo sostienen. «Meternos en este mundo, aunque sea como actores y creadores, ha sido durete».. La tercera mirada corresponde a Omar Ayuso, que interpreta a Gerardo Liesa, un joven inspector recién incorporado a la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF). Junto a su compañera Carmen Osés comienza a sospechar que algo está cambiando en los burdeles españoles. Sin embargo, las pesquisas apenas avanzan y el desencanto amenaza con acabar con la vocación de un policía que siempre había soñado con ejercer esa profesión. Hasta que aparece Suizo.. «La aparición de Suizo hace que vea que la cosa puede avanzar y se enganche a entender qué es lo que está pasando», explica Ayuso. Su personaje comienza entonces a descubrir que detrás de aquellos clubes existe una organización criminal mucho más compleja de lo que imaginaba. Una realidad cuya dimensión, en los años en los que transcurre la historia, todavía estaba lejos de ser comprendida.. Pero si algo comparten los tres intérpretes es la impresión que les produjo el proceso de documentación previo al rodaje. La serie no se construyó únicamente a partir de una investigación sobre las redes de trata. Sus responsables también recurrieron a los testimonios de mujeres que habían sobrevivido a la explotación sexual y al contacto con quienes investigaron aquellos delitos.. Raúl Arévalo y Valentina Vidal, en El Castillo.MOVISTAR PLUS+. «Todos teníamos una preocupación común: si íbamos a contar algo tan complejo, teníamos que contarlo bien», asegura Ayuso. Esa responsabilidad acompañó al reparto durante todo el proyecto. No bastaba con interpretar personajes creíbles: había que evitar que el sufrimiento de las víctimas terminara convertido en un simple recurso dramático.. Para Vidal, escuchar directamente a las supervivientes fue una de las experiencias más difíciles. «La documentación recopilada por los creadores y las directoras de la serie, los encuentros con supervivientes de trata… Escuchar sus experiencias en primera persona fue impactante». A ello se sumó una circunstancia especialmente perturbadora: parte del rodaje se desarrolló en antiguos clubes de alterne que habían funcionado años atrás. «Todo se sentía muy real», recuerda.. La ficción, sin embargo, no se limita a reconstruir un fenómeno del pasado. Y es precisamente ahí donde El Castillo encuentra una de sus razones de ser: la trata de mujeres no pertenece a una época superada ni a una realidad desaparecida. Las redes cambian, evolucionan sus métodos y se transforman los mecanismos de captación, pero el negocio continúa existiendo.. Omar Ayuso lo comprendió durante una visita a la UCRIF para preparar su personaje. Allí pudo conversar con uno de los responsables policiales que ya investigaba estos delitos en la época en la que se desarrolla la serie. Quiso saber cuánto habían cambiado las cosas desde entonces. Y formuló una pregunta cuya respuesta daba prácticamente por descontada.. «Aquel día le pregunté cómo estaba la situación actualmente. Daba por hecho que me diría que mejor. Pero me dijo que peor que nunca».. La respuesta lo dejó impresionado. Después de meses estudiando cómo funcionaban aquellas redes a finales del siglo pasado, descubría que el relato que estaba a punto de interpretar no podía contemplarse únicamente como una historia sobre el pasado.. Quizá esa sea la parte más incómoda de El Castillo: que, pese a transcurrir hace más de dos décadas, obliga a mirar de otra manera una realidad que sigue estando ahí. Al otro lado de las puertas de esos clubes de carretera que tantos han aprendido a ver sin mirar.
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