The British writer of Indian origin, who is based in the US and is one of the most important contemporary writers, reviews the attack that cost him the sight of one eye in the documentary ‘Knife’: «It’s important for people to see everything in detail.»
The British writer of Indian origin, who is based in the US and is one of the most important contemporary writers, reviews the attack that cost him the sight of one eye in the documentary ‘Knife’: «It’s important for people to see everything in detail.»
La voz inconfundible de Salman Rushdie, un nombre que se ha convertido en sinónimo de libertad de expresión, da la bienvenida al teléfono con un acento que combina cadencias indias, británicas y neoyorquinas. La última vez que hablé con el escritor de 79 años estaba a punto de publicar Cuchillo. Meditaciones tras un intento de asesinato (Random House). El cuchillo en cuestión era el de Hadi Matar, el joven vestido de negro que corrió cabizbajo hacia él sobre el escenario del anfiteatro de Chautauqua, en Nueva York, donde la noche del 12 de agosto de 2022 Rushdie hablaba de literatura. Lo apuñaló primero en la mano izquierda, que el escritor había levantado para defenderse, y luego 14 veces en el cuello, el pecho y el rostro. Desde entonces, Rushdie lleva gafas con la lente derecha oscura para cubrir el ojo por el que ya no ve.
En esta nueva conversación partimos una vez más de aquel atentado, porque el 17 de septiembre se estrenó en EEUU el documental Knife: The Attempted Murder of Salman Rushdie (Cuchillo: el intento de asesinato de Salman Rushdie), que se pudo ver en España el pasado verano en el Atlàntida Mallorca Film Fest y Filmin prevé incorporar a su plataforma la próxima primavera. Cinco días después del atentado, la esposa de Rushdie, la poeta Rachel Eliza Griffiths, empezó a documentar su lenta recuperación: el ojo hinchado «similar a un huevo duro que sobresalía de la cara», la brecha horizontal en el cuello inflamado y ennegrecido… Al principio tomaron esas imágenes para su archivo privado, sin ninguna intención de hacerlas públicas. Pero al regresar a casa desde el hospital, pronto empezaron a pensar que toda aquella carnicería podía tener un valor público, así que decidieron convertirla en documental.
«En esta película hay dos cosas que nadie ha visto antes: en primer lugar, mi esposa y yo colaboramos para realizar un videodiario de mis heridas y de la curación. Lo hicimos durante aproximadamente un año, no todos los días pero sí con bastante frecuencia. Ella me grababa y me hacía preguntas. Entregamos estos vídeos al director Alex Gibney: muchos de ellos están en la película. La otra cosa inédita es que el instituto de Chautauqua filma tradicionalmente todos sus eventos y había cuatro cámaras apuntando al escenario: por lo tanto, existen imágenes del ataque que nunca se han visto», asegura el escritor.
- ¿Qué sintió cuando volvió a ver esas imágenes en el documental?
- Lo vi durante el montaje; obviamente, fue difícil de mirar, pero es importante que la gente vea cómo es realmente un ataque terrorista, en detalle. De todos modos, el documental no cuenta simplemente el ataque, es mucho más: recorre mi vida como escritor.
- ¿Por qué es importante que la gente vea «en detalle» en qué consiste un ataque terrorista?
- Porque siempre vemos el terrorismo: las explosiones, la muerte. Pero cuando pones en el centro a un individuo, a un ser humano, una vida, el ataque se vuelve en cierto modo novelesco. Cuando lees una novela te involucras con los personajes, con sus historias. Aquí el enfoque es el mismo: hay una historia que escucharás y en la que esperamos que te sientas involucrado. Lo hice por la misma razón por la que escribo novelas.
- ¿Es también una forma de devolverle la humanidad a la víctima del terrorismo? Cuando Hadi Matar intentó asesinarlo en nombre de una fatua de Jomeini que databa de 1989 por ‘Los versos satánicos’ estaba atacando una idea, más que a un ser humano. ¿Estaba negando también, de alguna manera, su propia humanidad?
- Sí, porque no sabía nada de mí. Es muy extraño a mis ojos que estuviera dispuesto a llegar al punto de cometer el asesinato de un completo desconocido. Y no sintió ninguna necesidad de informarse.
- ¿Tuvo que testificar en el juicio?
- Sí, tuve que testificar y no sabía cómo me sentiría, pero al final fue bastante prosaico, no estaba ni turbado ni enfadado. Solo me dije: es algo que tengo que hacer. Y él estaba allí sentado, obviamente. Lo observé varias veces y nunca lo vi mirar hacia mí.
- ¿Nunca?
- Mantenía la mirada baja y tomaba notas en un cuaderno amarillo, estaba muy concentrado en eso.
- ¿Y qué impresión le causó?
- Nada del otro mundo. Les dije a mis amigos después que parecía un cretino. No era una figura impactante, pero al mismo tiempo los cretinos pueden matarte. De todos modos, me interesaba echarle un vistazo. No sé si lo sabe, pero habrá un segundo juicio, un proceso federal en el que se le incriminará por terrorismo.
«El terrorista que me atacó no era nada del otro mundo, parecía un cretino. Pero los cretinos pueden matarte»
- ¿Está cansado de todo esto o piensa que es importante obtener justicia?
- Sí, obviamente es importante, pero lo que siento es que han pasado cuatro años y él sigue interfiriendo en mi vida, es molesto. Estoy contento de haber conseguido volver a escribir narrativa, mi verdadero trabajo.
- Cuando hablamos hace dos años me dijo con alegría que acababa de escribir una novela corta, su primera producción narrativa tras el atentado.
- Al final, he escrito en total tres novelas cortas y las he reunido con un par de relatos en el libro La penúltima hora (Random House), que revisita muchos de los mundos sobre los que he escrito durante toda mi vida. Hay historias sobre la India, sobre Inglaterra, sobre EEUU. La mía es una vida de migraciones. Crecí en la India, luego viví mucho tiempo en Inglaterra y desde hace 26 ó 27 años vivo en Nueva York. Estos viajes son los elementos que definen mi trabajo, así como mi vida. La historia final es una alegoría de las divisiones crecientes en las sociedades, es cada vez más complicado hablarse los unos a los otros porque las divisiones son muy amplias y profundas.
- ¿El libro habla de Donald Trump?
- Me alegra poder decir que no tiene nada que ver con Trump. El señor Trump ya está bastante presente en nuestras vidas. La cantidad de cosas vergonzosas que suceden a diario se ha vuelto tan larga que es imposible de enumerar. Nunca había visto tal nivel de vulgaridad y de deshonestidad. Nunca ha habido una presidencia semejante. Pero las historias sobre EEUU de mi libro no tratan de eso. Una se refiere a la relación entre un escritor joven y uno mayor. Para mí, es una forma de escribir sobre mi vínculo literario con este país.
- Algunos de los nuevos escritores más prometedores en EEUU son inmigrantes.
- Sí, los escritores tanto negros como inmigrantes están haciendo el trabajo más interesante. La literatura afroamericana está atravesando un momento de gran riqueza, con autores como Colson Whitehead y Jesmyn Ward. Y hay escritores que vienen de todas partes del mundo: Jhumpa Lahiri, del sur de Asia; Yiyun Li, de China; Chimamanda Ngozi Adichie, de África… Personas que vienen y se convierten en parte de la literatura americana. Y en mi opinión, es algo que enriquece mucho la cultura de este país. Los inmigrantes siempre han sido importantes en la literatura americana, pero venían de algunos lugares específicos: los italianos, en particular en la Costa Este y la inmigración judía de Europa oriental. Muchos escritores surgieron de estas comunidades. Y en la Costa Oeste, la comunidad de escritores hispanos venidos de América Latina. Pero ahora hay escritores literalmente de cualquier parte del mundo que se convierten en parte de la literatura americana. Yo soy parte de este fenómeno
- Usted ha sido un pionero de una tendencia. Pero el hecho de que exista este florecimiento de escritores inmigrantes en América en un momento de políticas antimigratorias, ¿qué dice sobre la relación entre el mundo de la literatura y el mundo de la política?
- Creo que dice que uno de estos dos mundos, el arte, tiene miras amplias y el otro, la política, tiene miras estrechas. Y esta es la lucha que los escritores a menudo han emprendido contra el poder.
- El poder en su país es fruto de unas elecciones. Trump fue elegido por los estadounidenses.
- Sí, ganó las elecciones y eso es desolador. Pero tengo la sensación de que el viento está cambiando, veremos en noviembre [las elecciones de mitad de mandato para el Congreso y los gobernadores], tal vez llegue un cambio en las tendencias de voto. Veremos.
«De todas las administraciones americanas en la historia, la de Trump es la que más ha perseguido a quienes piensan diferente»
- Usted es considerado un paladín de la libertad de expresión. La administración Trump también se considera abanderada de esta libertad, y critica a otros países -en especial, a los europeos- por limitarla, presuntamente, a través de la regulación de las redes sociales o de las normas contra la desinformación. ¿Qué le sugiere esta crítica?
- No creo que esta administración tenga ninguna legitimidad para dar lecciones morales a nadie sobre la libertad de expresión porque la está atacando tanto como puede, desde los cómicos en televisión hasta los libros en las escuelas y en las bibliotecas. De todas las administraciones americanas en la historia, es la que más ha perseguido a quienes piensan diferente. La retórica de la libertad de expresión puede utilizarse como un arma contra los enemigos, y puede usarse de forma absolutamente equivocada. Pero es una batalla importante. Francamente, quienes vivimos en Europa o en EEUU pensábamos que la batalla por la libertad de expresión ya estaba ganada, pero parece que no ha terminado. Tenemos que luchar por ella de nuevo.
- ¿En qué sentido?
- Hay problemas que vienen tanto del mundo del poder y de la autoridad, que tradicionalmente es fuente de censura, como del mundo de los más jóvenes y de la extrema izquierda. Hay una especie de activismo radical que tiene también una cierta tendencia a censurar a las personas que disienten. Mientras que los ataques contra la libertad de expresión antes venían sobre todo de la derecha, ahora vienen de todas las direcciones, y eso hace que la lucha por su defensa sea cada vez más complicada.
- ¿Qué opina de las divisiones en el Partido Demócrata entre moderados y extrema izquierda? Hay quien dice que los estadounidenses son moderados, que es un error escorarse demasiado a la izquierda.
- Es diferente en distintas partes de EEUU. Y si el Partido Demócrata es inteligente, debe responder a estas diferencias. Hay una manera de hacer política que puede tener éxito en Nueva York y llevar a la elección de personas como Zohran Mamdani y Alexandria Ocasio-Cortez. Pero ese tipo de discurso político tal vez no funcione en otras latitudes. Los políticos deben adaptar sus argumentos a su mercado.
«Ha habido un cambio radical en la forma en que los jóvenes estadounidenses ven a Israel, que hoy es predominantemente negativa»
- Hay quien teme el ascenso de los socialistas, otros aseguran que muchos de sus discursos controvertidos cambiarán cuando lleguen a Washington.
- Todo esto está todavía en fase de definición en este momento, no podemos anticipar cómo será. Ha habido un cambio radical en la forma en que los jóvenes estadounidenses ven a Israel, que hoy es predominantemente negativa. Y no es solo cosa de los jóvenes. Es una consecuencia de los acontecimientos de los últimos años. Lo que está sucediendo en Gaza ha cambiado las opiniones de muchos. Veremos… Mientras aquí se celebran las elecciones de mitad de mandato allí se celebrarán las generales y un cambio podría llevar a los americanos a modificar su opinión. El mundo cambia muy rápidamente en estos tiempos y a veces es difícil mantenerse al día.
- ¿Le parece que las viejas herramientas y categorías que usábamos para interpretar el mundo ya no son adecuadas?
- Sí, el mundo cambia, cambian las opiniones de las personas y las estructuras políticas y tienes que surfear la ola. Además, esto no siempre es lineal. A menudo siento que no me resulta fácil alinearme con ninguna ideología. No soy una persona ideológica, así que me resisto a dejarme convencer por las personas que lo son.
- ¿Está escribiendo algo nuevo?
- Sí, estoy trabajando en una novela. Todavía no estoy listo para hablar de ella, aún me encuentro a mitad del primer borrador, llevará un tiempo. No creo que vaya a ser larga, quizás 200 páginas. Pero es bonito tener una nueva novela entre manos. Siempre soy más feliz cuando tengo un libro por escribir.
- El atentado fue muy traumático también para su esposa. ¿Qué efecto ha tenido en su relación?
- Nuestra relación siempre ha sido fuerte y de muchas maneras se ha fortalecido todavía más después de lo que hemos tenido que pasar. Y su trabajo está teniendo cada vez más éxito. Su contribución a este documental con las imágenes que grabó es crucial. No veo la hora de verlo en el cine, de tener ese momento. Cada obra de arte es un momento especial, la pones ahí fuera y esperas que la gente responda. Y se estrenará en el cine porque yo soy una persona de la era del cine, me gusta ver las películas en una sala a oscuras y no en el sofá de casa.
- ‘La penúltima hora’ se refiere al último momento posible antes de que sea demasiado tarde. Es importante cómo decidimos acercarnos al acto final de nuestra vida.
- Sí, y es tanto una cuestión artística como una decisión humana. He reflexionado sobre cómo diferentes artistas, no solo escritores sino también pintores y músicos, afrontan el último acto de la vida. En el libro hay referencias a la vejez de Francisco de Goya y de Franz Kafka, me cuestiono sobre el trabajo de otros, no solo sobre el mío. Es algo que sucede, inevitablemente, cuando llegas a este punto de la vida: piensas en la mortalidad.
- ¿Y piensa en las cosas que quiere hacer antes de salir de escena?c
- Sí, bueno, creo que todavía me queda un poco de tiempo. Yo probablemente estoy todavía en la décima hora, aún no estoy en la penúltima.
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