La publicación de textos dispersos en inéditos de Javier Marías reavivan la figura y la obra de un escritor inteligente, sagaz, osado y con un humor (a veces cascarrabias o urticante) que delata a un creador amplio de intereses y tajante de actitud Leer
La publicación de textos dispersos en inéditos de Javier Marías reavivan la figura y la obra de un escritor inteligente, sagaz, osado y con un humor (a veces cascarrabias o urticante) que delata a un creador amplio de intereses y tajante de actitud Leer
Audio generado con IA. A cuenta de Aquí me paro, un volumen que reúne textos dispersos y alguno inédito de Javier Marías, publicado por la editorial Alfaguara, he revivido la alegría de antiguas horas de lectura alrededor de su obra. También en Marías aprendí un poco el mecanismo de escribir, pero mejor aún: amplifiqué el entusiasmo de leer. Esto es lo que a veces le agradeces a los escritores que admiras, la posibilidad de que un libro ensanche la vida y lo que esta significa, cuando significa algo. En tantas de sus páginas despliega inteligencia, sagacidad, osadía, pero principalmente un humor (a veces cascarrabias o urticante) que delataba su voluntad de reír aunque parezca al primer golpe de vista pudiera parecerse a otra cosa. Marías era un hombre severo dispuesto también a disfrutar del personaje.. Mi misa de domingo, entre otras diversiones, se apoyaba también en leer sus diatribas. A veces coincidía y en ocasiones me distanciaba de su puntillosa ventanilla de quejas, pero nunca encontré motivo para no acudir los domingos a su artículo. Siempre me pareció un tipo valiente, más enterado del chisme puntual de lo que gustaba aparentar, dispuesto a mantener una coherencia contra la tentación del halago fácil y capaz de amaestrar (si quería) una cierta vanidad esteparia, aunque no desechaba por eso provocar puntualmente una tensión contra alguien para no relajar la amistad. Aún creo que es uno de los escritores más ambiciosos y sugerentes de los últimos 30 o 40 años en Europa. Y como era consciente quizá desease el Nobel. Pertenece al linaje de Umberto Eco, de Thomas Bernhard, de Italo Calvino, de Marguerite Yourcenar, de Coetzee, del poeta W. H. Auden, de Nabokov , de Faulkner, de Milan Kundera, de Julian Barnes, de Alice Munro, de Lobo Antunes. Artistas ciertamente.. Recuerdo el día en que una ministra sugirió encontrarse con él, pues aseguraba admirar algunos de sus libros. Cuando le llegó el recado respondió cortés pero implacable: «Dile que no nos vamos a encontrar, por favor. Le agradezco el gesto, pero prefiero no tener trato con políticos. En el caso de que me cayese bien no podría escribir con la libertad con que lo hago cuando algunas de sus decisiones no me gustan». No está mal tirado. En Aquí me paro está ese eco de gran escritor a la sombra sólo de sí mismo.
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