El escritor húngaro-británico narra en ‘La carne’ la historia de superación de un joven húngaro que va de la caída del comunismo a la pandemia. «Habla más de los límites del lenguaje que de la masculinidad», advierte el autor Leer
El escritor húngaro-británico narra en ‘La carne’ la historia de superación de un joven húngaro que va de la caída del comunismo a la pandemia. «Habla más de los límites del lenguaje que de la masculinidad», advierte el autor Leer
A cualquiera que haya leído su novela Lacarne, ganadora del prestigioso premio Booker 2025, no le resultaría sorprendente que las respuestas de su autor se limitasen a un mero «vale». La palabra se repite cientos de veces en sus páginas; de hecho, gran parte de las frases que pronuncia el protagonista comienzan así. Dicho esto, David Szalay es bastante locuaz, aunque su forma de escribir, su figura espigada y su rictus amable pero serio le dan un aspecto reservado. Probablemente, el hecho de que la entrevista se realice en la acogedora terraza de la editorial Feltrinelli, que acaba de publicar el libro en castellano, con traducción de Ce Santiago, y en catalán, de Esther Roig, le haya ayudado a soltarse.. La carne tiene una estructura que recuerda, en cierta manera, a la del camino del héroe: un hombre joven que se va de casa y se enfrenta a retos vitales que le llevan al triunfo para después regresar. Szalay hace referencia a las novelas clásicas del siglo XIX o XVIII, que siguen una línea similar, aunque no comenzó a escribir con la intención de contar la vida entera de una persona desde la adolescencia. Sí que tenía claros algunos ingredientes esenciales como el éxito, la caída y la pérdida, pero no tanto la historia en sí misma.. István, el protagonista, es un chaval que se muda con su madre a una pequeña ciudad húngara en la época de la caída del comunismo y tiene sus primeros encuentros sexuales con una vecina de 42 años. A esa relación de abuso que se desarrolla en el primer capítulo -que se siente como una bofetada bien fuerte- le siguen el reformatorio, la Guerra de Irak como parte del ejército de su país y una mudanza a Londres, donde pasará gran parte de su vida adulta. Szalay ha vivido tanto en Hungría como en Londres, pero su desplazamiento fue al contrario, ya que creció en la capital inglesa y después residió unos años en el país centroeuropeo. «Cuando estuve en Hungría era muy difícil no encontrarte con gente que hubiese tenido la misma experiencia que el personaje, fue interesante para mí escribir esa perspectiva», declara.. El sexo tiene un peso muy importante en la novela. Muchos escritores consideran que es muy difícil escribir sobre ese tema. ¿Cómo se enfrentó a ese reto?. Es difícil escribir sobre sexo sin ser ridículo o pornográfico, porque creo que es una experiencia tan no verbal, normalmente muy privada. Así que tiene esa doble dificultad. Y también porque el énfasis de la novela en la fisicalidad era muy importante, no lo podía evitar y tampoco quería hacerlo. Pensé que era importante escribirlo como algo muy factual y espero que funcione. Lo mismo ocurre con la violencia, porque es algo no verbal y plasmarla en palabras supone un desafío importante.. Al sexo y a la violencia se les suman otros dos temas esencial de La carne: el dinero y el poder. La diferencia de clases entre István y la gente de la que se rodea en Londres es tan abismal que incluso en el punto más álgido de su bonanza económica, su origen aún es una barrera. «No quería que la novela tuviera algún tipo de programa o planteamiento político. Yo creo que el tema de las estructuras sociales son una experiencia de algo profundamente humano. Sobre todo la conexión entre el ser físico y la jerarquía social. Eso me pareció interesante a la hora de escribir sobre ello», sostiene.. Szalay insiste mucho en la importancia de la corporalidad en su texto porque su intención inicial era «escribir un libro sobre la vida como experiencia física». De ahí la abundancia de sexo, violencia y, quizá, la ausencia de palabras del protagonista. A primera vista, István se deja llevar por el destino sin tomar demasiadas decisiones, sobre todo en su edad adulta. Parece que los acontecimientos más decisivos de su vida le vienen dados por otros y él, sin más, acepta. «Vale», «vale», «vale», «vale» y así sucesivamente ante preguntas como si pueden darle un beso, quiere un trabajo de guardaespaldas, le apetece viajar a Múnich o desea otra copa. Como es evidente, nadie puede construir su biografía sin tomar la iniciativa en algún momento y para el escritor, su personaje es tan pasivo como un ser humano cualquiera. «Yo creo que en cierto modo sí está actuando o está expresando una cierta voluntad. Está diciendo que sí. Yo quería un protagonista que no se pasara todo el tiempo pensando en sus propias acciones, porque eso quitaría el foco de su existencia como ser humano», señala.. A Szalay le incomoda que su novela se considere sólo como un libro sobre la masculinidad tradicional, aunque por los aspectos que definen la vida de su protagonista es complicado no encontrar una relación evidente. «El tema de la masculinidad está ahí, no lo niego. Pero no tengo una teoría propia de la masculinidad que esté poniendo sobre el papel. Es un retrato de un personaje masculino en un entorno muy contemporáneo, por lo tanto hay dinero, sexo, violencia y a las mujeres también les interesa el dinero y el sexo, el estatus social, etcétera».. István no tiene muy buenas habilidades comunicativas, un rasgo que también se suele asociar al paradigma de la masculinidad. ¿Puede que también haya influido en esa percepción que se tiene de la novela?. Simplemente el personaje es como es y eso significa que, en cierto modo, manifiesta algunas características muy masculinas. Pero, en términos generales, el libro habla más de las dificultades de la comunicación y de los límites del lenguaje y lo que puede hacer el lenguaje. Por tanto, en esta área creo que va más allá de la masculinidad.. En noviembre de 2025, La carne se hizo con el premio Booker, pero no era la primera vez que su autor optaba a él. En 2016 ya había sido finalista por All that a man is, un conjunto de nueve relatos que en el diario The Guardian definieron como «un retrato caleidoscópico de la masculinidad» (palabra que le persigue). Aunque el ganador se lleva un buen pellizco -50.000 libras esterlinas, que rondan los 60.000 euros al cambio-, lo más valioso del galardón es el empujón que le da a su obra.. «Durante el último año mi cotidianidad laboral se ha basado en dar vueltas por el mundo hablando de mi libro y he dejado de escribir durante un tiempo, lo que está muy bien», manifiesta. Pero ahora desea volver a «ser escritor de nuevo» y ya tiene un libro en marcha. Está expectante por ver cómo el premio afectará a su carrera, aunque confía en que no cambie demasiado. «Hay ganadores que no escriben otro libro en 10 años. Así que no siempre es algo positivo, desde ese punto de vista», comenta.. Szalay es hijo de padre húngaro y madre canadiense. Él nació en Montreal, creció en Londres y vivió en Hungría, Beirut, Bruselas y Budapest antes de recalar en Viena, donde reside actualmente con su mujer y su hijo. Según comenta, la capital austriaca es un destino bastante común para los húngaros que abandonan el país, como hizo su padre en 1968, con veintitantos años. Su situación no es exactamente la misma, pero sí ve que hay ciertos paralelismos:«Vivíamos en Hungría, pero mi mujer es alemana y quería residir donde se hablase su idioma. Yo voy a menudo a Hungría, así que buscamos un sitio relativamente cerca. No tengo ninguna conexión particular con Austria, pero es un lugar muy agradable para vivir».. No se siente especialmente atado a ningún país pero sí se considera europeo, ya que ha pasado en el continente casi toda su vida. Cree que Europa está en un momento histórico significativo y que las decisiones políticas que se tomen ahora «tendrán efectos a largo plazo». Si es optimista o no, se lo guarda para sí mismo. Como su protagonista.
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