It’s fascinating how drugs, self-destruction, passing the buck, and having to endure bad winds and scorching heat can also be global phenomena. El hijo problemático, dirigido por Jaime Lorente, un popular actor de televisión conocido por La casa de papel, tiene lugar en el sur de España durante los primeros años del siglo XXI. La película tiene un aire parecido a las indies americanas profundas como Winter’s Bone. Ugly places, horrible houses, unpleasant people with justified reasons almost since childhood for a headache stuffed in the gut and fixed between the eyebrows. Lorente, a young idol who wants to grow professionally away from beauty and self-indulgence, like Mario Casas in his leap behind the camera, has created a film about emotional grime with ‘La soledad tiene alas’. A worthy first job.. Continue reading
The actor has made a brave and imperfect film, dry as the towel, with long takes in time and unconventional framing, that perhaps few expected
Es curioso cómo las drogas, la autodestrucción, pasarlas canutas y tener que comerse los malos vientos y el peor calor pueden ser también globales. El mal hijo, debut en la dirección del actor Jaime Lorente, estrella de la televisión desde La casa de papel, está ambientada en la huerta murciana en los primeros años del siglo XXI, pero bien podría ser la América profunda de películas indies como Winter’s Bone.Lugares feos, casas horrendas, gente mal encarada con razones fundadas casi desde niños para un cabreo metido en las tripas y fijado entre las cejas. Lorente, otro ídolo juvenil que ha querido crecer profesionalmente lejos de la belleza y la autocomplacencia, como Mario Casas en su salto tras la cámara, La soledad tiene alas, ha compuesto una película sobre la mugre emocional. Un meritorio primer trabajo.
Para ello, Lorente se ha unido a otro murciano, Salvador S. Molina, de Alhama, joven dramaturgo y guionista (diplomado en la especialidad en 2017 por la ECAM), cuya primera novela, El mal hijo, fue editada por Espasa en 2024. Y ambos han volcado imágenes y recuerdos, ambientes y personalidades, en una película que, ya en la novela, partía de una potente imagen: una madre que secuestra a su hijo heroinómano, lo esconde y lo encadena en un hangar, con el fin de que se desenganche. Los padres de Trainspotting, en versión murciana.

Así, la película se va convirtiendo en una historia de acciones y sentimientos enfrentados, de daños y cuidados, de abandonos y reapariciones, en torno a tres generaciones y en dos etapas distintas de la vida. Una abuela medio curandera, medio santera; un hijo yonqui, ratero y homosexual (tres cosas juntas que en esa época y en ese reducto son carne de cañón), y un nieto sensible que crece con el miedo y la desconfianza alojados en el cuerpo. Y, en medio de todo ello, en un marco físico y social ampliamente reconocible (mar de plástico; coches, motos y casas que crujen por dentro, entre la pobreza y el hastío), una sequedad en la información, una ausencia de datos y una concatenación de actos a veces poco plausible, que puede dejar al espectador con ganas de más si lo que busca son emociones. De este modo, en su guion para la película, Molina ha sido particularmente libre consigo mismo, porque la poda es más que evidente.
Lorente ha hecho una película valiente e imperfecta, seca como la mojama, con planos alargados en el tiempo y encuadres poco convencionales, que quizá pocos esperaban. Con una cierta poesía procedente del guion, en torno a detalles como las fotografías familiares. Y con una destacada interpretación de Susi Sánchez. Un relato en el que se cuidan unos a otros mientras se machacan, aderezado por una envolvente banda sonora de Luismi Glez Bedmar sin apenas melodía, y por una rugosa fotografía de grano duro de Elías M. Félix, de deliberada falta de luz, que entronca bien con la ausencia de expectativas y de futuro en los personajes.
“La vida en la huerta fue el purgatorio por el que tuve que pasar hasta que llegué a la ciudad. Las acequias estaban infestadas de mosquitos (…). No había iluminación en las carreteras y a las casas no llegaba la calefacción ni el vídeo comunitario”, escribió Miguel Ángel Hernández, otro murciano, en la magnífica novela El dolor de los demás, con la que tanto puede tener que ver esta áspera película de Lorente, que se aparta de lo previsible.
El mal hijo
Dirección: Jaime Lorente.
Intérpretes: Hugo Arbués, Susi Sánchez, Miguel Ángel Puro, Óscar de la Fuente.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 106 minutos.
Estreno: 16 de octubre.
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