Hasta el mismísimo Stephen King se ha preguntado cómo nos puede gustar el terror: “Me preguntan por qué escribo lo que escribo, por qué la gente quiere leerlo y va al cine para verlo. ¿Por qué hay personas dispuestas a pagar por sentirse extremadamente incómodas?”, plantea en su ensayo Danza Macabra (Valdemar). Cuando leemos un libro o vemos una película de terror, como quizás hayamos hecho esta semana de Halloween y Todos los Santos, muchas veces experimentamos emociones negativas: miedo, inquietud, en ocasiones incluso asco o angustia. Sin embargo, llenamos salas de cine, devoramos libros y acudimos a clubs de lectura y festivales de cine especializados en terror. ¿Por qué lo pasamos de miedo con el miedo?. Seguir leyendo
El éxito del género plantea una paradoja: ¿por qué buscamos emociones que, en principio, resultan desagradables? Los estudios y ensayos recientes apuntan a que experimentar miedo en entornos seguros nos ayuda a superar desafíos reales. Además, el género explora ansiedades sociales y políticas
Hasta el mismísimo Stephen King se ha preguntado cómo nos puede gustar el terror: “Me preguntan por qué escribo lo que escribo, por qué la gente quiere leerlo y va al cine para verlo. ¿Por qué hay personas dispuestas a pagar por sentirse extremadamente incómodas?”, plantea en su ensayo Danza Macabra(Valdemar). Cuando leemos un libro o vemos una película de terror, como quizás hayamos hecho esta semana de Halloween y Todos los Santos, muchas veces experimentamos emociones negativas: miedo, inquietud, en ocasiones incluso asco o angustia. Sin embargo, llenamos salas de cine, devoramos libros y acudimos a clubs de lectura y festivales de cine especializados en terror. ¿Por qué lo pasamos de miedo con el miedo?. El cine y las novelas de terror nos permiten experimentar una sensación única: la satisfacción de enfrentarnos a algo que nos asusta con la tranquilidad de hacerlo en un entorno seguro, como puede ser nuestro sofá o una butaca de cine. Entramos en estas ficciones “sabiendo que en cualquier momento podemos romper nuestro pacto con ellas: salir de la sala de cine, dejar de mirar la pantalla…”, explica por teléfono Sergio García Soriano, psicólogo y experto en intervención social del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. “El cine de terror nos hace sentir un miedo perimetrado, en el que podemos entrar y salir cuando queramos”.. Más información. El terror, además, “somete a una serie de estímulos muy severos, no solo de atención, sino también fisiológicos: nos pone en tensión, rígidos”, cuenta García. ¿Qué consigue esto? Que, durante el rato que estamos inmersos en la ficción, la realidad, con nuestros problemas incluidos, “queda relegada a un segundo plano”. Cuando se trata de evadirnos, el terror es el rey.. Andrés García, profesor de la universidad de Sevilla y autor de diversas publicaciones científicas sobre cine y psicología, explica por correo electrónico que a nuestra atracción por el género también contribuye un fenómeno de conducta llamado “posreacción afectiva”. “Cuando nos sometemos a una estimulación que nos provoca reacciones intensas, al concluir esta, se suele producir una reacción del organismo en el sentido contrario”. Pone como ejemplo hacer paracaidismo: al saltar, el paracaidista sentirá ansiedad y activación, pero al final, sentirá relajación, alivio e incluso euforia.. La psicología ha demostrado que el terror puede hacernos sentir y pasarlo bien, vale, pero también nos hace sentir bien una comedia romántica o un documental sobre ballenas sin necesidad de pegarnos unos sustos tremendos. Entonces, ¿por qué hay quién prefiere el terror? ¿Por qué nos atrae? Entre las películas más vistas de los últimos años se cuelan siempre producciones de miedo. Este 2026, Backrooms y Obsession se han convertido en éxitos en taquilla (ocupan los puestos 10 y 11, respectivamente, entre las de mayor recaudación a escala mundial) y obras como Sinners, aparte de triunfar en salas, lo hicieron también en los premios. ¿Interesa ahora más el terror? ¿Por qué?. Sobre estas preguntas han divagado diversos autores del género en los últimos años en ensayos como el recién publicado Conversación con la oscuridad(Páginas de Espuma), de Mariana Enríquez, o Why I Love Horror (por qué amo el terror, sin edición en español, 2025), una recopilación de textos de escritores de terror de la talla de Grady Hendrix, Gabino Iglesias, Alma Katsu o Paul Tremblay reflexionando sobre qué les atrae del género. Muchos de ellos coinciden en dos ideas entrelazadas: por un lado, que el terror les ayuda a superar sus propios miedos. Por otro, que el terror refleja más rápido y de forma más poderosa que otros géneros algunas de las inquietudes de nuestro tiempo.. “Eso es lo que puede ofrecerte una buena historia de terror: una forma de lidiar con tus miedos. La prueba de que puedes vencer aquello que te asusta. Estrategias útiles para enfrentarte a tus monstruos”, escribe Alma Katsu en Why I Love Horror. También la crítica de cine y escritora de terror Desirée de Fez, en su ensayo Reina del grito (Blackie Books), cuenta que las películas de terror le han dado herramientas para enfrentarse a lo que la aterra. “En ellas proyecto mis miedos, muchos de ellos estrictamente femeninos, en busca de alivio y respuestas”, escribe. “Me ha dado y me da una fuerza increíble”.. Sergio García afirma que este género no solo puede ayudarnos a lidiar con nuestros miedos, sino también a identificarlos. A veces, enfrentándonos a una ficción de terror, podemos experimentar miedos que no sabíamos que teníamos, algo que ni siquiera nos habíamos planteado como terrorífico. “No solo el espectador ve las películas, las películas ven al espectador”, defiende el psicólogo. “Nos pueden dar un feedback que desconocíamos. Las películas de terror que triunfan suelen tener esa complejidad”.. Muchos entusiastas del terror lo son desde pequeños. “Es algo que llevamos en el ADN, no hay fans así en casi ningún otro género”, cuenta por teléfono Javier Parra, ensayista y crítico de cine especializado en terror y autor de Scream Queer (Dos Bigotes, 2021), sobre la representación LGTBIQ+ en el cine de terror. Parra considera, al igual que otros autores —y seguro que muchos fans del género que lean estas líneas—, que el terror puede convertirse en refugio para niños y jóvenes que se sienten diferentes: “El hecho de sentirte distinto hace que sientas empatía por los otros diferentes que ves en la pantalla, que son los monstruos”.. La escritora Jennifer McMahon también habla del refugio que es el terror para muchos jóvenes LGTBIQ+ en Why I Love Horror: cuenta que, en los años que sufría acoso “por ser la chica diferente” y por su orientación sexual sin “atreverse a contárselo a nadie”, el terror la ayudó a lidiar con ello. “Por mucho miedo que sintiera, al final siempre experimentaba una oleada de energía, pues me había enfrentado a algo terrible —a los monstruos, a la oscuridad— en las páginas de un relato, y había sobrevivido”.. “El terror me parece un género formidable para hablar de otras cuestiones. Del poder, del cuerpo, de la vulnerabilidad, de casi todo”, escribe Mariana Enríquez en Conversación con la oscuridad, en el que hace una radiografía del terror contemporáneo y reflexiona sobre este y su escritura. A lo largo de la obra, la ganadora del Premio Herralde desgrana algunos ejemplos de inquietudes actuales que el terror ha explotado, como el envejecimiento y la presión estética del cuerpo femenino.. Sessió en el Auditorio del Festival de Sitges, este mes de octubre.Pere Francesch / ACN. “El cine de terror contemporáneo empezó a trabajar con el cuerpo que envejece con una honestidad que pocas formas culturales se permiten”, escribe Enríquez, que pone como ejemplos películas como X (Ti West, 2022). También de los cuidados a los seres queridos cuando enferman o envejecen: “Este horror es una de las ansiedades contemporáneas, porque en otra época lo que existía era un sistema más o menos claro acerca de quién cuidaba y de qué forma, sin embargo, en la actualidad ese sistema se rompió y la vejez, la más larga de las enfermedades, o la discapacidad, producen un tipo de ansiedad específica que el terror ha comenzado a tematizar”. Lo hace en películas como Undertone (Ian Tuason, 2025), The Dark and the Wicked (Bryan Bertino, 2020) o Relic (Natalie Erika James, 2020). Javier Parra coincide: “El terror siempre se adelanta a otros géneros para tratar temas actuales”. Pone el ejemplo de cuatro películas sobre la explotación laboral que se han proyectado en la última edición del festival de Sitges: Sleep no More (Edwin), Grind (Ed Dougherty, Brea Grant y Chelsea Stardust), I Love Boosters (Boots Riley) y Sanguine (Marion Le Corroller), que además ha sido la ganadora del festival.. La forma en la que el terror se acerca a estas inquietudes no suele ser directa, pero siempre ha estado ahí: no hablaba del terror a un ataque nuclear, pero sí de mutantes radioactivos; tampoco del consumismo de masas, pero sí de zombis que asedian un centro comercial. Lo poderoso es reconocer esos terrores a pesar de no verlos explícitamente en la pantalla. “Necesito el terror porque, cuando está bien ejecutado, es capaz de transmitir verdades tanto sencillas como complejas”, cuenta el escritor Paul Tremblay en Why I Love Horror. “Verdades terribles, sí; pero, como lector y espectador, encuentro consuelo y esperanza al ver que los autores y cineastas reconocen que algo anda terriblemente mal, y que sienten lo mismo que yo. Ese reconocimiento compartido hace que me sienta menos solo en esa habitación oscura”.. ¿Qué piensa ‘el rey del terror’ de todo esto?. A principios de los 80, tras el éxito de Carrie y El resplandor, Stephen King ya estaba cansado de que le preguntaran por qué escribía historias terroríficas. “¿Por qué tiene la gente semejante interés en mi interés… Y en el suyo propio?”, se pregunta en Danza Macabra, publicado en 1981 (y reeditado en 2024 en España por Valdemar). “Creo que, más que otra cosa, es porque todos tenemos un postulado enterrado en nuestras mentes: que sentir interés por el horror es malsano y aberrante”. En este gigantesco ensayo, en el que King hace un repaso histórico y personal por la literatura y el cine de terror entre 1950 y 1980, el escritor apenas se detiene a responder a estas preguntas. Como respuesta, remite a un ensayo anterior, publicado en El umbral de la noche, su primer libro de relatos: “No tengo el más mínimo interés en recalentar ese viejo guiso en estas páginas, si están interesados, les recomendaría que lo leyeran”.. Aquí va un tupper de ese guiso: la idea de King en los 70 es la que han seguido defendiendo muchos escritores desde entonces, que el miedo en la ficción nos ayuda a lidiar con nuestros miedos reales. “Cuando usted lee una obra de horror, no cree realmente lo que lee”, escribe. “No cree en vampiros, hombres lobos, camiones que arrancan repentinamente y que se conducen solos. Los horrores en los que todos creemos son aquellos sobre los que escriben Dostoievski, [Edward] Albee y [Ross] Macdonald: el odio, la alienación, el envejecimiento a espaldas del amor, el ingreso tambaleante en un mundo hostil sobre las piernas inseguras de la adolescencia. En nuestro auténtico mundo cotidiano somos a menudo como las máscaras de la Comedia y la Tragedia, sonriendo por fuera, haciendo muecas por dentro. En algún recoveco interior hay un interruptor central, tal vez un transformador, donde se conectan los cables que conducen a esas dos máscaras. Y es en ese lugar donde el relato de horror da tan a menudo en el blanco”.
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