Las tradiciones paganas británicas y celtas en torno al mimbre se basan en el misticismo de la madera de sauce y proceden, entre otras fuentes de las antiguas Grecia y Roma, del geógrafo Estrabón, a principios del siglo I, que describió un coloso de paja y madera frente al que se colocaban seres humanos y animales antes de ser quemados, y de La guerra de las Galias, de Julio César, en el siglo I a. C., que contó cómo los antiguos druidas construían gigantescas efigies con ramas de mimbre y las rellenaban con hombres vivos como sacrificio para sus dioses.. Seguir leyendo
En lo simbólico, la brujería de la historia del pasado puede alcanzar asuntos tan contemporáneos como la inteligencia artificial, los vientres de alquiler y la compra de bebés para satisfacer caprichos
Las tradiciones paganas británicas y celtas en torno al mimbre se basan en el misticismo de la madera de sauce y proceden, entre otras fuentes de las antiguas Grecia y Roma, del geógrafo Estrabón, a principios del siglo I, que describió un coloso de paja y madera frente al que se colocaban seres humanos y animales antes de ser quemados, y de La guerra de las Galias, de Julio César, en el siglo I a. C., que contó cómo los antiguos druidas construían gigantescas efigies con ramas de mimbre y las rellenaban con hombres vivos como sacrificio para sus dioses.. Más información. En el año 1973, El hombre de mimbre (The Wicker Man), dirigida por Robin Hardy y ambientada en una isla escocesa, recuperó para el cine la tradición, convirtiéndola en una joya del terror en su variante del folk horror: mitos, supersticiones y paganismo rurales. La naturaleza como fuerza viva, el aislamiento y el fanatismo eran las esencias de aquella película, y también lo son en buena medida de Wicker, segundo largo como directores de Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson, que adaptan el relato de Ursula Wills-Jones El marido de mimbre, publicado en 2008. El resultado es una estrambótica alegoría sobre la falsedad de la belleza, el machismo, la denuncia del patriarcado, la sumisión de la mujer y la libertad sexual, que, sin embargo, fracasa en una insolencia supuestamente cómica que nunca lo es, y en una pobre utilización del lenguaje cinematográfico, del ritmo y de la banda sonora.. De nuevo con el mimbre y su mística como eje, el relato de Wills-Jones y la película de Huston y Wilson muestran a una pescadera “fea y maloliente”, de la que todos se ríen y huyen, que pretende casarse y que encarga al maestro cestero del pueblo un marido con el que convivir. De modo que aparece en casa un guapo gigante, con la altura, el porte y la mirada de Alexander Skarsgård, que la hace gozar de noche y la cubre de ternura de día. En su alegoría, la película toca temas de interés porque los deseos de las mujeres del pueblo se desbordan con el cumplimiento de los de la protagonista (interpretada por la siempre magnífica Olivia Colman), y al afecto y al sexo con un compañero de vida se suman las ansias de maternidad en parejas con problemas de fertilidad.. Olivia Colman y Alexander Skarsgård, en ‘Wicker’.. Así, en lo simbólico, la brujería de la historia del pasado puede alcanzar asuntos tan contemporáneos como la inteligencia artificial, los vientres de alquiler y la compra de bebés para satisfacer deseos o caprichos. Además de otro de los grandes temas del cine reciente (presente en Wildwood,de estreno la semana pasada): el trauma de no poder concebir. Ahora bien, pese a alguna imagen con cierta potencia visual, aunque mal ensamblada en el conjunto, la película tiene un tono que, sin querer ser grotesco, acaba siéndolo; pretendiendo ser gracioso, solo es ridículo, y aspirando a ser crítico, apenas es arisco.. Empanada de (necesario) feminismo, sociología y sexualidad de tres al cuarto, Wicker está poblada por mujeres arpías, envidiosas y resentidas, y por hombres borrachos e impotentes. Y, sobre todo, con independencia de sus temáticas, diatribas y objetivos, el principal obstáculo es que es un plomo, de un hartazgo soporífero, porque los textos son malos y de vez en cuando incluso infames, y la cadencia del montaje y la utilización de las músicas son descorazonadoras.. Más información. Al menos, el desenlace de la mujer protagonista es bonito, pero con eso, con la singular extrañeza que provoca, los paralelismos con Pinocho, la revuelta de los marginados y la presencia de Colman, no se logra romper el hastío de sus dos horas de relato mal narrado y su falta de frescura y de gracia.. Wicker. Dirección: Alex Huston Fischer, Eleanor Wilson.. Intérpretes: Olivia Colman, Alexander Skarsgard, Elizabeth Debicki, Peter Dinklage.. Género: fantasía. Reino Unido, 2026.. Duración: 105 minutos.. Estreno: 30 de octubre.
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