Una sala a rebosar en un lunes madrileño del fin de verano, con el público celebrando a mandíbula batiente cada susto y cada carcajada. Primero, el miedo; luego, la risa floja, mirando de soslayo al de la butaca de al lado, hasta hace poco un desconocido, ahora un colega de cinefilia gamberra e inteligente. O al revés; primero la sonrisa socarrona ante el chiste brillante acerca de las penurias de la contemporaneidad, seguida de un rictus de espanto. Así son las películas a veces; no demasiadas veces. Zach Cregger ha dispuesto el festín en Resident Evil, una especie de reseteo total a la saga inspirada en la franquicia de videojuegos de la marca japonesa Capcom. Una montaña rusa de emociones en apenas hora y media.. Seguir leyendo
Zach Cregger convierte la adaptación del videojuego en una montaña rusa de terror y humor negro con el espíritu gamberro inicial
Una sala a rebosar en un lunes madrileño del fin de verano, con el público celebrando a mandíbula batiente cada susto y cada carcajada. Primero, el miedo; luego, la risa floja, mirando de soslayo al de la butaca de al lado, hasta hace poco un desconocido, ahora un colega de cinefilia gamberra e inteligente. O al revés; primero la sonrisa socarrona ante el chiste brillante acerca de las penurias de la contemporaneidad, seguida de un rictus de espanto. Así son las películas a veces; no demasiadas veces. Zach Cregger ha dispuesto el festín en Resident Evil, una especie de reseteo total a la saga inspirada en la franquicia de videojuegos de la marca japonesa Capcom. Una montaña rusa de emociones en apenas hora y media.. Seguir leyendo
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