Victoria Luengo (Palma, 36 años) está felizmente cansada. Y defiende que se encuentra tanto en momento gozoso, en el que disfruta y sabe que no tiene derecho a la queja, como de necesidad de parar. Más de sobreexposición que de trabajos, porque, como espeta: “A ver, si llegan estas películas, ¿a cuál digo que no?”.. Seguir leyendo
La actriz presenta ‘Sants’, la tercera película española en el concurso, en un año excepcional en su carrera. “No tengo derecho a queja, pero esta sobreexposición me hace tener miedo de que la gente se canse de mí”
Victoria Luengo (Palma, 36 años) está felizmente cansada. Y defiende que se encuentra tanto en momento gozoso, en el que disfruta y sabe que no tiene derecho a la queja, como de necesidad de parar. Más de sobreexposición que de trabajos, porque, como espeta: “A ver, si llegan estas películas, ¿a cuál digo que no?”.. Después de Marisa Paredes, Luengo ha sido este año la segunda intérprete española en tener dos películas en el concurso de Cannes en una misma edición: Amarga Navidad,su segunda colaboración con Pedro Almodóvar, y El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, el cineasta que catapultó su carrera con la serie Antidisturbios. Este jueves fue el pase de gala en la competición de San Sebastián de Sants, de Mikel Gurrea, con quien ya protagonizó Suro. Hace unos meses cerró la gira de la obra Prima facie, un monólogo sobre violencia sexual. Y Prime Video estrena en pocos días la segunda temporada de Reina roja, de la que Luengo ya ha grabado la tercera entrega. En verano rodó en Francia Les neiges de Grenade, con Léa Drucker, y después se permitió una semana de vacaciones en Noruega.. Pregunta. No sé cómo se encara un calendario así.. Respuesta. Lo que a mí me da miedo es que la gente se canse de verme. Estoy contenta porque estoy disfrutando de esto. Llevo muchos años trabajando en esto, soñando con que me pasaran cosas bonitas, batallando por que me llegara el momento en que pudiera elegir y hacer proyectos de los que me sintiera orgullosa. Pues ha llegado y no tengo derecho a la queja. El otro día busqué en una caja de recuerdos y encontré mi primer retrato de un book de fotos decuando tenía 14 años. Era una niña mirando a la cámara así [gesticula], y verla me conectó con esa persona en aquel momento: todo esto era aquel sueño que yo tenía. El miedo que a veces tengo es que se sienta que yo lo hago todo. Vivimos en un mundo de redes sociales, donde una entrevista se reproduce en distintos formatos y el eco se multiplica. ¿Se cansará la gente de mí? No lo sé. No lo estoy decidiendo yo.. Victoria Luengo, retratada durante el festival de cine de San Sebastián.Javier Hernández. P. Hay actores que han parado por eso.. R. Hay que saber parar. Y hay circunstancias en las que es más fácil parar que otras. Dependes de cosas económicas. O emocionales. Y he tenido un cúmulo de casualidades. Algún amigo, cuando vio mis planes de rodaje, me lo decía: “Descansa”. Fenomenal. ¿A quién le digo que no? ¿A Ruy [Sorogoyen], a Mikel, a Almodóvar? Además, no creo que haya hecho nada que me sobre. Han sido proyectos que me han hecho sentir bien. He trabajado con directores que me han hecho mejor. Lo que pasa es que se te juntan las promociones en un mismo año. Estoy orgullosa porque creo que sí he logrado dar una cierta diferencia a cada personaje, que les he dedicado el amor que yo siempre necesito para cada rol.. P. ¿Es peor la promoción que los rodajes?. R. Entiendo que tengo que hacer los dos trabajos. Y a la vez, la gente, en otros oficios, ¿a que va todos los días a la oficina? Mi hermano conduce un autobús en una línea en Barcelona y no para. Aunque es cierto que mi trabajo en concreto no se puede medir de la misma manera. Te ocupa un tiempo de viajes, de irte y alejarte de los tuyos. No llegas a casa tras una jornada, y descansas y ves a tu familia. En mi caso, mi madre sufre una enfermedad degenerativa que está afectando a su vista y ni ha podido estar aquí conmigo ni puedo estar yo con ella. Voy a parar de rodar por lo menos hasta mayo. Empiezo a ensayar en unas semanas una obra con Lucía Carballal junto a Marina Salas que estrenaremos en 2027, y lo hago porque el teatro me alimenta, porque una sala de ensayos es un espacio íntimo de seguridad donde voy a hacer mi trabajo, que es jugar como cuando era pequeña. Y solo te juzgan la directora y tus compañeros.. Victoria Luengo, en ‘Sants, de Mikel Gurrea.. P. ¿Reina roja se acaba en esa tercera temporada?. R. Al menos, yo sí. No me siento capaz de comprometerme durante, no sé, cinco o más años en una serie. La vida en estos últimos dos o tres años me ha dado tantas vueltas… Insisto: cuido a mis personajes. Y acumulo cansancio. Me iba con Prima facie sola, con una maleta, cada fin de semana a bolos en todas las comunidades autónomas, a representar cada noche la violación… Y ya te digo yo que en el bolo número 60 que estás sola cenando en un hotel después de haber hecho el monólogo, lo único que sientes es mucha soledad, mucha sensación de que no estás teniendo tiempo para tu gente ni para ti misma.. P. A su bolo en Bilbao fueron Sorogoyen e Isabel Peña a contarle la idea inicial de El ser querido. Y surgió el nombre de Javier Bardem. Es curioso que esta relación paternofilial la protagonicen dos actores con relaciones complicadas con sus propios padres.. R. Obviamente, no puedo hablar mucho de la de Javier, porque incluso creo que no lo comenté con él. El cine me ha dado la oportunidad de decir unas palabras que la vida no me dio con mi padre. Isabel y Rodrigo me han hecho uno de los regalos más grandes con El ser querido.. Victoria Luengo, en el hotel María Cristina durante el festival de cine de San Sebastián.Javier Hernández. P. En Sants no hay padre, pero sí una madre que se desvanece y otra extraña figura materna para su personaje.. R. Me gusta mucho que hable también de la familia. Y que se centra en la dificultad que tenemos a veces de quedarnos en los lugares. No nos han enseñado a acompañar la muerte, no nos han enseñado a acompañarnos en la vulnerabilidad tan grande que es que alguien cercano se vaya. Tengo grandes amigos que han dado la mano a su padre o a su madre cuando fallecía y me han dicho que es lo más bonito que han podido hacer. Pero para eso hace falta muchísimo coraje y muchísima valentía. A veces amar es quedarse. Yo ahora estoy en un momento en que pienso qué haría yo, Victoria, en las circunstancias de los personajes. Y por eso aparezco en pantalla con el diente roto, porque aportaba mucho a su no estar en ningún lado… y porque yo me lo rompí de pequeña.. P. La vi en Cannes disfrutando mucho en las alfombras rojas y en cosas como posar con vestidos para revistas femeninas.. R. Tanta mirada sobre ti misma genera una distorsión de la propia mirada sobre ti. El resto solo os veis en un espejo por la mañana y por la noche, lavándoos los dientes [risas]. Yo acabo harta de mí misma. Fíjate, nunca he tenido complejos. Y de repente ahora me digo: “Ay, no me gusta esto”. Pero, ¿por qué me está pasando esto? Por verme tanto. La hiperconsciencia de una misma no es buena. Ahora bien, yo me prometí que disfrutaría de Cannes, de recordar cada segundo allí, por el momento y por si no se repetía. También me dejé de preocupar por si quedaba bien en las fotos.. Nunca he tenido complejos. Y de repente ahora me digo: ‘Ay, no me gusta esto’. Pero, ¿por qué me está pasando esto? Por verme tanto. La hiperconsciencia de una misma no es buena». P. En su familia, ¿cómo ven su carrera?. R. Mira, la primera vez que mi hermano realizó su recorrido en el autobús, lo hice con él. Luego no he vuelto a subir. Pues igual con lo mío. Si ven mis trabajos, bien. Si no, no hay ninguna obligación. Joder, es la vida [carcajada].. P. Ocupa un lugar prominente en el audiovisual. ¿Cómo lo maneja?. R. Soy muy consciente y me hago cargo. A medida que tú vas alcanzando una situación de privilegio en tu oficio, tienes unas responsabilidades que acarrean una serie de cosas de las que hay que hacerse cargo. Si no, craso error. Por suerte, me acompaña gente de fuera de la profesión y mi grupo de amigas actrices, y nos hablamos con absoluta sinceridad. Cada vez más estoy aprendiendo a tener capacidad de decir lo que me pasa. Hace cinco años, si no me sentía bien rodando una secuencia, me callaba. Hoy suelto: “Oye, no lo veo. ¿Por qué no lo probamos de otra manera?”. Lo mismo es el privilegio, lo mismo es la edad.
EL PAÍS
