Ante Wildwood, nueva película del prestigioso estudio Laika, la factoría de animación que creó obras tan fantásticas como Los mundos de Coraline, El alucinante mundo de Norman y Kubo y las dos cuerdas mágicas, dos aspectos muy distintos te dejan boquiabierto. El primero es que, pasados solo unos minutos, no te puedes creer que todas esas imágenes, movimientos y personajes hayan sido creados con animación stop motion: imagen a imagen, con maquetas, volúmenes, marionetas y decorados físicos, impulsados milímetro a milímetro por sus creadores hasta capturar un movimiento fluido que es simplemente extraordinario. La tecnología ha mejorado a pasos agigantados, pero lo de esta película es asombroso. Arte, paciencia, mimo, creatividad, ilusión y talento.. Seguir leyendo
Ante Wildwood, nueva película del prestigioso estudio Laika, la factoría de animación que creó obras tan fantásticas como Los mundos de Coraline, El alucinante mundo de Norman y Kubo y las dos cuerdas mágicas, dos aspectos muy distintos te dejan boquiabierto. El primero es que, pasados solo unos minutos, no te puedes creer que todas esas imágenes, movimientos y personajes hayan sido creados con animación stop motion: imagen a imagen, con maquetas, volúmenes, marionetas y decorados físicos, impulsados milímetro a milímetro por sus creadores hasta capturar un movimiento fluido que es simplemente extraordinario. La tecnología ha mejorado a pasos agigantados, pero lo de esta película es asombroso. Arte, paciencia, mimo, creatividad, ilusión y talento. Seguir leyendo
Ante Wildwood, nueva película del prestigioso estudio Laika, la factoría de animación que creó obras tan fantásticas como Los mundos de Coraline, El alucinante mundo de Norman yKubo y las dos cuerdas mágicas,dos aspectos muy distintos te dejan boquiabierto. El primero es que, pasados solo unos minutos, no te puedes creer que todas esas imágenes, movimientos y personajes hayan sido creados con animación stop motion: imagen a imagen, con maquetas, volúmenes, marionetas y decorados físicos, impulsados milímetro a milímetro por sus creadores hasta capturar un movimiento fluido que es simplemente extraordinario. La tecnología ha mejorado a pasos agigantados, pero lo de esta película es asombroso. Arte, paciencia, mimo, creatividad, ilusión y talento.
El segundo aspecto surge ya terminada la película, y en algunos instantes de su trama, y conlleva una pregunta esencial: ¿a quién va dirigida esta película? Porque la intensidad y complejidad de sus emociones, la violencia de sus imágenes, los efectos de sus terrores y las características sociales y políticas de sus mensajes no son aptas para niños, pese a su apariencia de historia de aventuras para toda la familia.
Basada en el libro ilustrado Las crónicas de Wildwood (2011), escrito por Colin Meloy y dibujado por Carson Ellis, la película comienza su relato con un trecho en un ambiente contemporáneo, alejado de la magia y la fantasía posterior, localizado en la ciudad de Portland, y en el seno de una familia con matrimonio y dos hijos de edades dispares (una cría de unos 13 años y un bebé), que es sencillamente una obra maestra. Cada detalle artístico en la confección de los personajes, la cadencia de los movimientos, la velocidad de la acción, el formidable tono, de una cotidianidad apasionante, la presentación de personajes y su admirable sentido del humor, mezclado con una cierta amargura que ya va subyaciendo, son de una brillantez extrema. Técnica, genio, puesta en escena (o su simulacro animado), colores, estilo y matices convergen en imágenes de un brío y una humanidad (valga la paradoja) exultantes, comandadas por Travis Knight, su director. Eso sí, con detalles sutiles que van advirtiendo que esto no va a ser simplemente una aventura para críos: buena parte de los personajes tienen ojeras, lo que no es lo más habitual en una producción de dibujos animados. Parece una tontería, pero supone un aviso de las intenciones. Que, en el prólogo, antes de esa parte inicial en Portland, haya un suicidio de un niño completa un panorama de compleja indeterminación.

También resulta sobresaliente la primera entrada al bosque de los dos personajes principales: la niña y su encantador amigo (“¿De verdad crees que soy un pringado?”), en busca del bebé perdido del que debía hacerse cargo la chavala. Los diseños siguen siendo alucinantes, todo el arte de la película en general, así como las características de la fantasía, la crítica al poder títere de ese universo y la fascinación que ejerce la aspirante a villana de la historia, la Gobernadora Viuda, de suma ambigüedad. Sin embargo, con la segunda entrada al bosque de la fantasía, ya bien pasada la hora de sus dos y pico de metraje, surgen las dudas en el caso de que el espectador no tenga la suficiente madurez. Pacifista no es la película. Y aunque el mensaje esté claramente contra las tiranías y contra el desahucio de las tierras y de sus hogares de la gente del pueblo por parte de los malvados, hay pasajes que serán difíciles de entender para ciertos niños; por ejemplo, la diatriba contra los que no se rebelan (contra los que dicen: “A mí me da igual quién gobierne en el bosque”), casi como un recuerdo de la Alemania nazi. Su antibelicismo, asimismo, también queda en entredicho por la gráfica violencia de sus imágenes en la guerra final, y sobre todo por el hecho de ver a personajes menores de edad matando a otros roles en la batalla (aunque sea defendiéndose del oprobio). Si se es mayor, o con madurez, ningún problema. Sigue siendo una película espléndida y se plantea un interesante problema moral: la guerra como recurso trágico. Pero, ojo con los pequeños. Y esto lo dice un crítico que nunca ha tenido remilgos con sus hijos, dándoles de comer películas quizá no del todo aptas para sus edades.
Y una última pista acerca del alcance dramático y la trascendencia de una película seguramente histórica en el panorama animado, calificada en España como “no recomendada para menores de 12 años” (en EE UU, de 13 años). Los dos traumas de los personajes principales adultos son de órdago. Primero, el duelo por la muerte de un hijo; la imposibilidad de seguir adelante psicológicamente. Y segundo, y casi en paralelo, el dolor extremo de una pareja por no poder tenerlos, lo que les lleva no ya a tirar por la calle de en medio (que también), sino por el más peligroso de los callejones traseros.
Wildwood
Dirección: Travis Knight.
Intérpretes: Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Mahershala Ali (voces).
Género: aventuras animadas. EE UU, 2026.
Duración: 132 minutos.
Estreno: 23 de octubre.
EL PAÍS
