Lo que atrapa de Todos mis pecados y la mitad de mi dolor (Seix Barral) no es el tema ni la trama, sino la sensación de penetrar en las vidas de personajes un poco miserables, pero que cargan con su infelicidad Leer
Lo que atrapa de Todos mis pecados y la mitad de mi dolor (Seix Barral) no es el tema ni la trama, sino la sensación de penetrar en las vidas de personajes un poco miserables, pero que cargan con su infelicidad Leer
Elena Medel (Córdoba, 1985) publicó Mi primer bikini con 16 años. Desde entonces fundó y dirigió durante dos décadas una editorial de poesía donde han ido apareciendo voces noveles y otras más consagradas; ha publicado una novela, cuentos, más libros de poesía, artículos -entre otros, la columna mensual que aparece en estas páginas-, ha editado y prologado con rigor y entusiasmo los diarios de Rosa Chacel (reunidas las tres entregas en un único volumen publicado en Seix Barral en junio de 2025). Todos mis pecados y la mitad de mi dolor (Seix Barral), novela felizmente ambiciosa que, entre otras cosas, logra algo muy difícil para alguien que ha crecido como escritora a ojos vista: que el lector olvide quién está detrás del libro. Así de poderosa es la ficción que levanta.. La novela toma el nombre de unos versos de Lord Byron, en torno a ese poema gira el seminario que dirige desde hace eones Jesús Guzmán Espinosa. Es un poema narrativo, El infiel, al que el catedrático especializado en literatura romántica inglesa le ha dedicado la vida. La novela transcurre en el curso 2003/2004, el último curso del catedrático, que ya ha apurado los cinco años de ampliación que le permiten y que, a los 70 años, se resiste a jubilarse, pero sobre todo, se resiste a dejar su puesto de director del departamento, se resiste a abandonar su cuota de poder, acumulada a base de años de chanchullos, favores y relaciones siempre basadas en el interés.. Todos mis pecados y la mitad de mi dolor es una novela de campus española, no hay hermandades ni colleges, todo es un poco más cutre y más provinciano, también porque la novela transcurre en una ciudad sin nombre. Sabemos que hay un río y que tiene el tamaño justo para que la corruptelilla manche a todos, o sea, implique a todos. Del colmillo de Medel no se libra tampoco el mundo de la poesía ni, por supuesto, la edición pseudoindependiente.. La última ficción de la escritora cordobesa muestra la corrupción de las universidades, colonizadas por familias; en el caso de la novela, literalmente. Pero hay otros asuntos que están en primer plano en esta historia, como es el caso de la clase. Los esfuerzos de los personajes de clase trabajadora chocan con el muro de la prevaricación de los contactos hechos prácticamente desde la cuna. El asunto es que el catedrático finalmente se jubila y su hijo casi cuarentón se da de bruces con su propio muro: no ha logrado ser escritor, su entusiasmo se ha esbafado tras una segunda novela publicada en una editorial grande sin ninguna repercusión. Una serie de desgracias privadas y de malas decisiones (matrimonio fracasado, alcoholismo, bloqueo, un amigo muerto…) lo llevan a un estado de ombliguismo tal que interpreta la tragedia colectiva de los atentados del 11 de marzo en Madrid casi como un boicot a su oportunidad de resucitar su carrera de escritor. Poco a poco, empezamos a vislumbrar lo que es posible que suceda: el padre se jubila y la vida del hijo es un desastre, ¿quién heredará el puesto?. Los Jesús Guzmán son el centro de la novela, en torno a ellos orbitan un puñado de personajes, sólidamente construidos, con su mundo interior y sus aristas, que conforman este tableau vivant resultado de poner la academia española ante un espejo cóncavo para mostrarla tal y como es.. Son tantos los personajes que la novela viene con un Dramatis personae incorporado en el que la ironía también aparece; por ejemplo, se refiere al departamento como «La gran familia de Filología Inglesa». Está la hermana del catedrático, Isabel, que colgó el hábito cuando iba a abrazar los votos de clausura; está Estefanía, esforzada estudiante de primero que duda de sí misma y de su valía, en la que se reconoce otro de los profesores del departamento, también de clase trabajadora y merecedor del puesto que dejará vacante el catedrático al jubilarse. Está también Rosa, la secretaria del catedrático; está Lucía, la mujer del aspirante a gran novelista; están los amigos del aspirante a novelista e igualmente, una especie de amante-at-large a la recurre cuando está en sus horas más bajas. Y está, claro, el narrador, cuya identidad se desvela en la segunda mitad del libro.. Lo que atrapa de Todos mis pecados y la mitad de mi dolor no es necesariamente el tema, tampoco es la trama, sino, de un lado, la apuesta formal compleja (diversos materiales, diversos puntos de vista, un narrador que advierte de sus limitaciones), el dominio de la prosa y de una amplísima variedad de registros, la sensación de estar penetrando en las vidas de personajes un poco miserables, desde luego nada ejemplares, pero que también cargan con sus pequeñas o grandes infelicidades.. Jesús Guzmán hijo es un miserable, no cabe duda, al que la vida le viene de cara; pero es también un desgraciado que termina haciendo lo que toda la vida lleva queriendo evitar: ser como su padre. «Cada gesto tuyo que consideres innato, me lo debes. […] Borraste de tus libritos mi apellido; escondiste tu apellido porque lo heredaste, porque me pertenece igual que perteneció a mi padre. Lo ocultaste porque pensabas que te valías por ti mismo. Ningún pecado mayor que el de la falta de memoria. La vanidad y el egoísmo. Considerar que lo que obtenemos depende de nosotros mismos, tocados por la varita de la magia», le dice su padre, tan miserable como certero.. Todos mis pecados y la mitad de mi dolor habla de revolverse contra el determinismo por nacimiento.. Seix Barral. 384 páginas. 22,90 €; Ebook: 11,99 €
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