Miguel Bernardeau (Valencia, 29 años) llega a la entrevista con el subidón de La bola negra metido en el cuerpo. “Es que es mucho viaje, mucha información, mucho estímulo. Y luego es ver la película, que me remueve mucho”, dice. Su papel como Rafael Rodríguez Rapún, amante de Federico García Lorca, le está llevando a “lugares increíbles”, pero aclara, desde el principio, que no deja de ser un obsesivo chico de barrio al que le gusta nadar, comprar contramuslos de pollo deshuesados en el supermercado y comer paella los domingos en casa de sus abuelos.
Miguel Bernardeau, de 29 años de Valencia, entra en la entrevista bajo la influencia de la bola negra atrapada dentro de su cuerpo. «Incluye una gran cantidad de movimiento, una cantidad considerable de conocimiento y una abundancia de emoción». «Y luego veo la película, que me afecta profundamente», dice ella. Como Rafael Rodríguez Rapún, amante de Federico García Lorca, su papel lo está llevando a «lugares increíbles», sin embargo, enfatiza que todavía es un joven concentrado del vecindario que disfruta nadar, comprar pollo sin huesos contra muslos en el supermercado y consumir paella todos los domingos en la residencia de sus abuelos. Geleneklere uygun olarak.
Miguel Bernardeau, actor: “La bola negra’ es un motor de empatía con el otro” | Cine: estrenos y críticas | EL PAÍSIr al contenido
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El intérprete da vida en el drama de los Javis a Rafael Rodríguez Rapún, amante de Lorca
Entrevista con Miguel Bernardeau
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Entrevista con Miguel Bernardeau

Miguel Bernardeau (Valencia, 29 años) llega a la entrevista con el subidón de La bola negra metido en el cuerpo. “Es que es mucho viaje, mucha información, mucho estímulo. Y luego es ver la película, que me remueve mucho”, dice. Su papel como Rafael Rodríguez Rapún, amante de Federico García Lorca, le está llevando a “lugares increíbles”, pero aclara, desde el principio, que no deja de ser un obsesivo chico de barrio al que le gusta nadar, comprar contramuslos de pollo deshuesados en el supermercado y comer paella los domingos en casa de sus abuelos.
Pregunta. Tengo curiosidad por ir al principio. ¿Cómo fue su primer contacto con lo que luego ha sido y es La bola negra?
Respuesta. Estaba en la gala de los Goya de hace dos años, iba a entregar un premio y detrás del escenario me encontré con los Javis. Había mucha gente, mucho ruido, y me pararon y dijeron: “Miguel, tenemos una cosa para ti, queremos que leas esto y esto y esto y queremos hacerte una prueba. En unos días te hablaremos, pero léetelo, te va a encantar”. Y se fueron. Pensé que era La bola negra, porque ya había escuchado hablar de la película. Me di cuenta de que se me habían olvidado todos los libros que me habían dicho, porque estaba muy nervioso. Luego escribí a Javi Calvo y me los volvió a repetir, y me leí algo de lo que me dijeron. Pasó algo de tiempo, hasta que las directoras de reparto me llamaron para hacer una prueba. No me salió muy bien.
P. ¿Eso lo dijo usted o se lo dijeron?
R. No, lo pensé yo. Nadie me dijo nada. Me río porque luego me enteré de que a ellas sí que les gustó. Estuvieron dos semanas sin decirme nada y yo esas dos semanas me levantaba todas las mañanas pensando que había perdido la oportunidad de mi vida. Todas las mañanas, ¿eh? Después me llamaron otra vez y ya hice una prueba en la sede de su productora. Entré en la sala y estaban los Javis, Álvaro [Guitarricadelafuente] y su representante. Nos pusieron los dos guiones delante y nos dijeron: “Sentaos juntos, miraos un segundo”. Yo no lo conocía, pero nos miramos en silencio y algo pasó. Leímos dos secuencias, y cuando levantamos la mirada, los Javis estaban bastante emocionados. Se fueron un momento de la sala y al volver me dijeron: “¿Quieres hacer esta película?”. Dije que sí y me marché con Álvaro, y al llegar a la calle nos dijimos hasta luego. Me volví a mi casa andando y pasé muy rápido de la celebración al: “Mierda, ahora tengo que hacerlo”.
P. ¿Cuántas veces ha visto la película?
R. Tres. De cada visionado salgo removido. Me emocionan momentos, luego me observo, veo cosas que quiero mejorar y fallos y oportunidades perdidas, y me cuesta aceptar que eso ya es, que lo entregué y ya está. Que ya fue.
P. ¿Cómo ha sido hacer a Rafael Rodríguez Rapún?
R. Es difícil resumir la experiencia, pero te podría decir que estudiando quién era él, su relación con Federico, entender el nivel de curiosidad y de humanidad que tenía este hombre ha sido un viaje. En la época en la que vivía, siendo ingeniero de minas y jugador del Atlético de Madrid, y todo lo que se sabe de él. Alguien que de repente tiene un gran interés por la cultura. Me da la sensación de que era una persona muy curiosa, con mucha empatía y con un conflicto interno… Quién soy, qué me gusta, qué quiero, qué no quiero y qué es lo que me pasa por dentro que no sé nombrar. Quizás no tenía las herramientas emocionales que yo tengo para entender lo que me pasa.

P. Había mucho amor ahí…
R. Me atraía mucho investigarlo. Yo soy una persona muy romántica, conecté mucho con un amor imposible, ese que te enseña y que te duele tanto como creo que le dolió el amor a Federico, como le dolió a Rafael.
P. Define a su personaje como curioso. ¿Usted lo es?
R. Mi curiosidad es un privilegio; la suya era algo mucho más profundo. Soy curioso y muy obsesivo con mi trabajo y tengo que cuidarlo porque me puedo perder. Me gusta mucho preparar los personajes, disfruto mucho estudiando y preparando y me ayuda mucho también a estar conectado con el ahora.
P. ¿Se permite disfrutar?
R. Mi problema es la exigencia conmigo mismo.
P. ¿Está trabajando en ello, como dijo el clásico?
R. Mucho. Es un tema con el que tengo que trabajar porque soy realmente mi peor enemigo. No soy capaz de disfrutar muchas veces, de soltar un poco o de permitirme equivocarme, porque me fustigo mucho. Supongo que es una forma de defensa también. Antes de que te lo diga otro, ya te lo dices tú. Si yo te digo que esta película es una mierda, así ya no me lo vas a decir tú.
Tráiler de ‘La bola negra’
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Tráiler de ‘La bola negra’
P. ¿Cuánto pesa en su autopercepción lo que digan otros?
R. Depende de quién. Del cómo. Porque en las formas están el truco y los matices. Hice unos comentarios en el festival de San Sebastián sobre la ultraderecha y cómo está creciendo en los jóvenes y que no hay que dar por sentada la paz. Y me han llegado muchísimos mensajes de odio diciéndome cosas horribles y amenazándome. No me importa, sinceramente. No afecta a mi autoestima, no me toca directamente.
P. No sé si cree que parte del éxito de la película tiene que ver con los momentos que estamos viviendo, cuando dice que no hay que dar por sentada la paz.
R. La película también es un motor de empatía con el otro. Que puede ser tu vecino o la niña que iba al colegio en Gaza y la mató una bomba y en la imagen se veía el libro abierto a su lado. Me ha sorprendido mucho con amigos cercanos, y con otros que no lo son tanto, el nivel de desconexión que tenemos de lo que está pasando porque lo vemos a través de una pantalla. Yo soy incapaz de no pensar en lo que está pasando en el resto del mundo. Quizás porque he tenido el privilegio de poder viajar, conocer otras culturas y conocer otra gente que se ha convertido en mi amiga, incluso en familia. O simplemente porque soy un ser humano con sentimientos, no lo sé. También soy muy consciente y por eso también tengo cuidado de cuánto opino y cuánto hablo, porque al final yo soy actor. Soy un chaval de 29 años, no soy historiador o politólogo, opino desde el lugar que puedo y que me toca cuando se me pregunta, porque me importa. Pero, pero tampoco quiero sonar como alguien que piensa que sabe todo.
P. ¿Cómo digiere la fama?
R. Con humor y relativizando un poco. Yo ahora, por ejemplo, no puedo ir a nadar. No tengo una piscina a la que ir a nadar porque a la que voy en un polideportivo municipal de mi barrio la han cerrado porque hacen lo que les da la gana. Por cierto, lo denuncio aquí [sonríe]. Por mi barrio es que me muevo muy bien. Me encanta y me hace mucha ilusión celebrar lo que está pasando con la gente de mi barrio que me ha visto desde pequeño y que me sigue hablando igual. Fíjate qué tontería, pero me hace mucha ilusión entrar en el Ahorramás y comentar con la carnicera que me vende siempre la carne, con el pollero y con la cajera las cosas que van pasando. Me encanta tener el momento con el pollero al que le pido que me corte el contramuslo de pollo deshuesado, y que me pregunte: “Oye, ¿estáis nominados a los Oscar?”, y decir: “No estamos nominados, somos candidatos”. Esa es mi vida.
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