La primera temporada de Entre tierras terminó con una tragedia. María, la mujer que había renunciado a su vida para salvar a su familia, que había aprendido a sobrevivir en un mundo de hombres y que había encontrado el amor donde menos lo esperaba, perdía a Manuel. Aquella muerte parecía cerrar una historia. Sin embargo, había algo que ni los espectadores ni sus creadores estaban dispuestos a aceptar: que María no tuviera nada más que contar. El problema era que ya no existía ninguna historia de la que tirar. La serie italiana en la que se había inspirado Entre tierras (La Sposa) había llegado a su final. Para continuar había que inventarlo absolutamente todo.
Susana López Rubio, guionista de la ficción protagonizada por Megan Montaner, revela cómo se creó desde cero la segunda temporada, que Antena 3 estrena este jueves, y reivindica el melodrama: «Parece que a la gente le da pudor»
La primera temporada de Entre tierras terminó con una tragedia. María, la mujer que había renunciado a su vida para salvar a su familia, que había aprendido a sobrevivir en un mundo de hombres y que había encontrado el amor donde menos lo esperaba, perdía a Manuel. Aquella muerte parecía cerrar una historia. Sin embargo, había algo que ni los espectadores ni sus creadores estaban dispuestos a aceptar: que María no tuviera nada más que contar. El problema era que ya no existía ninguna historia de la que tirar. La serie italiana en la que se había inspirado Entre tierras (La Sposa) había llegado a su final. Para continuar había que inventarlo absolutamente todo.. «Fue un reto porque no nos habíamos visto en otra igual», reconoce Susana López Rubio, una de las tres guionistas de la ficción de Atresmedia, producida por Boomerang TV, junto a Juan Beiro y Joaquín Santamaría. Lo cuenta entre risas, con el entusiasmo de quien recuerda uno de esos trabajos que obligan a salir de cualquier zona de confort. «Nos lo pasamos bomba», asegura a EL MUNDO.. El resultado de aquel desafío llega esta noche al prime time de Antena 3. Entre tierras regresa con una segunda temporada de 10 capítulos, Megan Montaner de nuevo al frente del reparto y una historia que se sitúa casi dos décadas después de la muerte de Manuel. La primera entrega había conseguido convertirse en la serie más vista de la televisión en 2024, con una media de 1.295.000 espectadores y un 12,3% de cuota de pantalla. Su estreno había alcanzado el 16,3%, el mejor arranque de una ficción en casi dos años. El listón, por tanto, no podía estar más alto.. Pero antes de pensar en cómo repetir el éxito, los guionistas tuvieron que resolver una cuestión fundamental: qué hacer con María.. Entre tierras nació de La Sposa, una miniserie italiana de la RAI que había conquistado a millones de espectadores. López Rubio, que ya había trabajado en adaptaciones como El tiempo entre costuras, La templanza o La chica de ayer, encontró en aquella historia algo que para cualquier guionista resulta irresistible: un gran conflicto y unos personajes con posibilidades de crecer.. La transformación, sin embargo, fue mucho más profunda de lo que pudiera parecer. «La primera temporada no tiene nada que ver. El punto de partida sí que es el de la serie italiana, pero a partir del capítulo dos o así nos despegamos», explica. Y defiende una idea que ha guiado buena parte de su trayectoria: adaptar no significa hacer una fotocopia.. El traslado de la historia a la España franquista, el viaje de Almería a La Mancha y las particularidades de la vida rural española permitieron desarrollar conflictos que no existían en la ficción original. La documentación histórica terminó convirtiéndose en una fuente inagotable de nuevas tramas. «Lo que investigamos de aquí, de España, era horrible para la realidad, pero mejor para la ficción, porque eran más conflictos todavía», recuerda.. Ginés García Millán, nueva incorporación a la segunda temporada de Entre Tierras.ATRESMEDIA. Con la segunda temporada desapareció incluso aquel punto de partida. López Rubio explica que buscaron referencias de otras producciones españolas que hubieran continuado una adaptación extranjera con una historia completamente nueva. Encontraron paralelismos en el cine, pero no un precedente televisivo equivalente que pudieran identificar. «Por lo que me enteré después, hemos sido los primeros», sostiene. Y entonces llegó la decisión que lo cambió todo: hacer que transcurrieran casi 20 años.. No fue un capricho narrativo. Después de haber construido una historia de amor tan intensa entre María y Manuel, los guionistas necesitaban que el tiempo hiciera su trabajo. «Nos parecía como una traición que ella, estando viuda, después de haber vendido en la primera temporada una historia de amor tan fuerte…», explica López Rubio. El salto temporal permitía que el duelo hubiera dejado paso a otra etapa vital y que sus hijos, Nicolás y Manuela, hubieran crecido lo suficiente para convertirse también en protagonistas de nuevos conflictos.. Pero había una motivación todavía más interesante. La guionista quería contar una historia de amor en la madurez, una de esas que la ficción no siempre concede a sus protagonistas femeninas. «Me parece que las mujeres de mi edad estamos un poco en un limbo muy raro, como que no se nos hace caso en la ficción», reflexiona. Frente al enamoramiento arrebatado de la primera entrega, ahora interesaba explorar los sentimientos de una mujer que ya ha amado, ha sufrido, ha criado a sus hijos y ha construido una vida.. La María que vuelve a interpretar Megan Montaner ya no es aquella joven que llegó asustada a una casa desconocida para casarse con un hombre al que no quería. Es una mujer que ha sacado adelante las tierras de los Cervantes con la ayuda de Claudia, que ha aprendido a mandar y que tendrá que enfrentarse a una amenaza mucho más grande que sus propios sentimientos: la desaparición del mundo que conoce.. Porque el salto temporal permite a Entre tierras contar también la transformación del campo español. La mecanización, la marcha de los campesinos a las ciudades, la escasez de jornaleros y la llegada de empresarios dispuestos a explotar las tierras sin ningún vínculo con ellas se convierten en parte esencial de la historia. María tendrá que defender su patrimonio, pero también algo que no se puede comprar ni vender: el arraigo de sus hijos.. «De repente era como: ¡ostras, a María le podemos meter aquí un conflictazo tremendo!», recuerda López Rubio sobre las posibilidades que ofrecía aquel cambio histórico.. Rodolfo Sancho se suma al elenco de Entre tierras en su segunda temporada.ATRESMEDIA. Y, por supuesto, habrá amor. Un amor diferente, atravesado por el recuerdo de Manuel, por las responsabilidades familiares y por las contradicciones de una mujer que debe aprender a vivir de otra manera. También habrá pérdidas, enfrentamientos entre generaciones y un nuevo misterio relacionado con una muerte que la guionista prefiere no desvelar.. A la protagonista se suman nuevos personajes interpretados por Silvia Abascal, Rodolfo Sancho, Ginés García Millán, José Pastor o Itziar Miranda, entre otros. Pero el gran reto no era incorporar rostros conocidos, sino conseguir que María evolucionara sin perder aquello que había hecho que el público se enamorase de ella.. «No nos daba miedo evolucionarla», asegura López Rubio. «La María del último capítulo de la segunda temporada no tiene nada que ver», adelanta. Y no porque deje de ser la misma mujer, sino porque, como sucede en la vida, las experiencias transforman incluso a quienes creemos conocer perfectamente.. Hay otro elemento que explica el éxito de Entre tierras y que su guionista reivindica sin complejos: el melodrama. Las grandes pasiones, los amores imposibles, las tragedias familiares, los personajes que sufren hasta el límite y las emociones que no necesitan pedir permiso para desbordarse.. Durante años, este tipo de ficción ha sido considerado por algunos como un género menor, demasiado popular o excesivamente sentimental. López Rubio no entiende ese prejuicio. «Me parece que es un género al que la gente le da como pudor», señala. Y recuerda que el folletín forma parte de una tradición literaria extraordinaria, desde Benito Pérez Galdós y Fortunata y Jacinta hasta Victor Hugo y Los miserables.. «Es un género que está como visto de menos», lamenta. Ella, en cambio, encuentra precisamente ahí una de las grandes virtudes de la ficción: la capacidad de hacer que el espectador se olvide durante un rato de su propia vida para entregarse a la de otros. A esos personajes a los que se quiere, se odia, se perdona o se maldice frente al televisor.. Y eso la lleva a otra reflexión sobre la televisión actual. Las plataformas han acostumbrado al público a consumir temporadas completas en apenas un fin de semana. Se ven 10 capítulos, se pasa a otra serie y, muchas veces, apenas queda conversación sobre lo que acaba de suceder.. «Muchas veces echan las series como de golpe y te la ves en un fin de semana y el lunes te has olvidado», observa. Frente a ese consumo acelerado, López Rubio echa de menos la experiencia compartida de las grandes ficciones populares. «Hemos perdido un poco esa cosa bonita que tenían las series de dar conversación y estirarlas un poco en el tiempo para que no sea como el fast food de las series».. Quizá por eso Entre tierras ha encontrado público tanto en las plataformas como en la televisión tradicional. Porque, detrás de su ambientación histórica, sus conflictos familiares y sus grandes historias de amor, conserva algo que no depende de las modas: una protagonista que nunca deja de luchar.. ¿Y habrá una tercera temporada? López Rubio no ofrece promesas ni anticipa decisiones que todavía no le corresponden. Lo que sí deja claro es que los guionistas no reservaron historias para una hipotética continuación. «Nosotros vamos con todo», afirma. «Lo de guardarte cosas para una temporada que a lo mejor puede que no salga… nosotros, la verdad, que no».. Al fin y al cabo, Entre tierras nunca ha tenido miedo de llevar a sus personajes al límite. Ni de hacer sufrir a María. Ni de volver a enamorarla. Ni de recordar que, por mucho que cambien las formas de consumir televisión, las grandes historias siguen necesitando algo tan sencillo y tan difícil como emocionar.
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